POST-VERDAD, NO: LO SIGUIENTE

POST.Post-truth”, o sea “post-verdad” ha sido declarada palabra del 2016 según los señores de Oxford Dictionaries. El término en cuestión designa esa circunstancia en la que los hechos objetivos influyen menos que las emociones o las creencias personales, a la hora de moldear la opinión pública. Erigiendo a Trump como su máximo exponente, The Economist ya le había dedicado un número al palabro, lo cual, en el mundo de las ideas, es como ser portada del Vogue. Y es que aunque andemos locos con los emojis, las palabras todavía nos ponen palote. Será porque es la forma en que construimos el mundo, hasta que podamos imprimirlo en 3D.

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SIGUIENTE. En una pausa publicitaria del prime time, coinciden, seguidos, los últimos anuncios de Media Markt y de Toyota. Para horror de sus respectivos Brand Managers, ambos utilizan el mismo eslogan y hashtag. Conducir no solo es disfrutar, sino lo siguiente. Comprarse un móvil no es soñar, sino lo siguiente. Usar expresiones coloquiales no es cool, sino #LoSiguiente. Se ve que el futuro está de moda. Del mismo modo en que hay una post-verdad, hay un post-paraíso de los consumidores, donde estos disfrutan de un éxtasis perpetuo, desembolsando sus ahorros para gozo de las marcas.

RAE. Entre lingüistas anda el juego y Puleva se convierte en un rebelde del idioma para redefinir el concepto de madre. Según nuestros viejos amigos de la Real Academia Española, una madre es una “mujer o animal hembra que ha parido a otro ser de su misma especie“. Yo, que siempre he sido muy cartesiana, no lo veo tan mal planteado, sobre todo porque la definición de padre es la misma, pero cambiándole el género. El caso es que a la marca de lácteos se les han unido a la iniciativa celebrities de su padre y de su madre -lo siento, ¡no he podido resistirme!- para animar a los usuarios a generar las 100.000 firmas con las que defenderán ante la Academia que, por fervor popular, hay que cambiar la definición. Para mí que los de Puleva son un poco marketeros post-verdad.

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MEME. A todo esto, Rajoy quiere prohibir los memes. Según el Grupo Parlamentario Popular, las nuevas tecnologías permiten “la obtención y difusión de información de una manera insólita” y eso pone en riesgo la vida privada de las personas (sobre todo de algunas). Yo que pensaba que lo proponían para librarnos de esa dictadura del humor en que se han convertido nuestros whatsapps… Pero no: la cosa tenía un corte más de censura clásica. Como era de esperar, la noticia provocó una avalancha  de memes criticando la propuesta. Mariano, ¡si es que vas provocando! Para quitarle hierro al asunto, el departamento de prensa del PP ha declarado que “desconoce si el objetivo de la proposición está vinculado o no a los memes“. A eso lo llamo yo excusarse a la gallega.

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REAL. Los unos no saben qué proponen, los otros le discuten a la RAE, las masas no saben qué es verdad… Y así se nos pasan los días. Si no, que se lo digan a Rita Barberá, que en paz descanse. A ella, hoy, le importan muy poco la tormenta de tweets que ha generado su fallecimiento (aunque es probable que tampoco le importaran ayer o antes de ayer). Aunque uno intente encontrarle el sentido a la vida leyendo las tazas de Mr Wonderful o los trending topics del día, al final la única certeza sigue siendo la muerte. Eso, amigos, es la inapelable realidad, pero mientras nos llega esa post-verdad definitiva, seguiremos resistiéndonos: creando palabras o prohibiéndolas, o pagando por el hashtag si hace falta.

 

 

 

 

 

 

 

 

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