50 SOMBRAS DE TRUMP

APOCALIPSIS. Ha tenido que venir el apocalipsis Trump para sacarme de las catacumbas de la creatividad. Tres años atrás llegaba yo a Miami -la ciudad que me arrastró en el sueño americano y me emborrachó de salsa y silicona-, para iniciar un silencio sepulcral a nivel bloggero, que ha durado hasta estos días. Después de este maravilloso paréntesis tropical, del que algún día os hablaré, mi vuelta a la patria se ve sacudida con la elección del inefable Donald Trump como nuevo presidente norteamericano. Si esto no me trae de vuelta a las letras, ¡ay!, ¿qué lo hará?

trump

PSICOPATA. “Shocked”, “stunned“, dicen que se han quedado los norteamericanos que se consideran progresistas. Lo que vendría siendo un fliparlo en colores de toda la vida. Y es que prácticamente la mitad de sus compatriotas han votado a la paradoja hecha persona: el magnate antisistema que ha venido a salvar a los parias de la sociedad capitalista (y algún que otro adinerado reacio a Hillary, que no solo de granjeros de Wisconsin vive Trump). Porque los resultados han estado muy igualados. Esto es como levantarse un día al lado de un señor que decía ser tu marido y que de pronto mata a toda su familia con un hacha. No te lo crees. No te esperabas eso de él. Con los votantes de Trump, parece que pasó lo mismo y The New Yorker se fue al corazón del país Trump para explicarlo. Estaban ahí pero no los veías, hasta que un día levantaron su hacha electoral, reclamando justicia. Norteamérica se mira en el espejo y no se reconoce.

PANICO. El mundo ha entrado en pánico. California se separa. Las manifestaciones se suceden. Hasta el mismísimo Paul Krugman publica hoy una columna en el New York Times en la que, prácticamente, manifiesta las 7 etapas del duelo. Para quienes aborrecemos del racismo y el sexismo, la elección de Trump es sin duda una mala noticia, pero hay que asumir que la democracia era esto. ¿Pueden 62 millones de norteamericanos estar equivocados? Los otros 62 dicen que sí. La historia lo dirá. Mientras tanto, yo me uno a la “morning after to-do-list” de Michael Moore, que viene a ser el “qué coño hago” cuando te despiertas después de una noche loca que solo quieres olvidar. Como no hay píldora del día idem, que borre los efectos del acto, no queda otra que dejar de lamentarse y poner en marcha todos los mecanismos para asegurar que la cosa funcione. Tonos incendiarios aparte, el espíritu constructivo se le agradece.

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FANTASIA. Una de las cosas que más ha llamado la atención es que un 42% de la población femenina haya votado a Trump (53% si solo contamos a las caucásicas). El pussy-graber ha enamorado a 4 de 10 mujeres. Mientras que The Guardian lo explica citando motivos económicos o puramente pragmáticos, por parte de las mujeres que ha entrevistado, la plataforma Womenvotetrump lo justifica destacando su espíritu revolucionario (“piensa fuera-de-la-caja”, “toma acción”, “sacude el status-quo”): en definitiva, es el Che Guevara de Wall Street. Muchas mujeres excusan las muestras de misoginia del presidente electo, diciendo que en el fondo, todos los hombres son iguales (no en el sentido de la declaración universal de los derechos humanos, si no en el del cuñadismo emérito), y que a ninguno nos gustaría que airearan lo que decimos cuando nos tomamos una cerveza. Yo sospecho que muchas de esas mujeres son las que han leído ávidamente “50 sombras de Grey” y han visto en Trump ese macho alfa que las dominará, haciendo realidad sus fantasías más oscuras. Ojalá Trump tuviera 50 sombras de gris, pero, lamentablemente, parece que lo parieron maniqueo. Como decía Jenny Holzer, “protect me from what I want.

OPTIMISMO. El mundo tiene miedo y nos lo dice en las urnas. Lo ha dicho en Reino Unido, en Colombia, en EEUU y pronto tendrá ocasión de decirlo en varios países europeos. Mientras lo sigan diciendo a través de las urnas y se mantenga el diálogo en nuestras renqueantes instituciones democráticas, quiero pensar que estaremos salvados. Si además, nos dedicamos a reflexionar, en lugar de lamentarnos, y a entender por qué Clinton no ha logrado conectar con una base de trabajadores que, históricamente, debería serle más afín, seguro que encontramos alguna pista de por dónde seguir. En fin. Como yo soy optimista por naturaleza, lo bueno es que ahora el patio de la política española no me parece tan terrible, con su tahúr Rajoy -no mueve ficha hasta que todos han perdido-, su juego de tronos socialistas y sus nuevas izquierdas, derechas o como las quieras llamar. Por lo menos, aquí nos hemos sacudido el bipartidismo y eso es todo un triunfo. Y a falta de líderes que nos despierten la libido, siempre nos quedará el instagram de Obama.

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