LA DELGADA LÍNEA ROJA DEL BIKINI

PUBIS. American Apparel le añade vello púbico a sus maniquíes y el mundo se viene abajo. Ataviadas con algo que recuerda a un rabioso peluquín, los figurines lucen esa ropa interior que causa furor entre las hipsters del mundo. Bragas de abuela, gafas de empollona: el sexappeal está servido. La idea de cubrir –exhaustivamente- la entrepierna de los maniquíes responde a esa tendencia que, al parecer, aplaude el crecimiento orgánico del vello. Famosas como Gwyneth Paltrow o Lady Gaga ya son fervientes seguidoras de esta vuelta al natural y los ejecutivos de American Apparel no han sido ajenos a este cambio de hábitos.

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VELLO. Fue el New York Times quien sentenció que el vello púbico había vuelto. Desde las fotografías de Petra Collins, censuradas en Instagram por mostrar una frondosa línea de bikini (encima de estas líneas, puedes ver el cuerpo del delito), hasta la portada protagonizada por Lady Gaga en Candy: todo son evidencias. Pero, por si queda alguna duda, recurramos al experto y, como ya analizamos en este post, ese es sin duda Playboy. Para celebrar su 60 aniversario, la mítica revista ha fotografiado a una sensual Kate Moss que, si bien dista del furor capilar de las conejitas de los 70, se rebela, sutilmente, contra el rasurado brasileño.

REALIDAD. Mientras las neoyorquinas se congratulan de que American Apparel les apruebe el felpudo -siempre que pisen el de sus tiendas y se gasten el dinero-, la marca de lencería Aerie sale en los medios por no retocar a sus modelos con photoshop. Presentado como una oda a la naturalidad, el reportaje muestra a mujeres con, honestamente, poco margen de mejora. La sombra del slogan “Por la belleza real” de la marca Dove es alargada. ¿Demagogia? ¿Oportunismo? Mientras generemos GRPs, ¿a quién le importa?

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ESCULTURA. Ahora que la vida me ha traído a Miami, uno de los templos oficiales del culto al cuerpo, he descubierto que había una nueva zona de la anatomía por la que debíamos preocuparnos: el culo. Nada escapa al escrutinio de los cirujanos plásticos en esta ciudad y no es raro ver nalgas extraordinariamente hinchadas, desafiando a la ley de la gravedad en mini-shorts. En este caso, ha sido Vice quien se ha encargado de darnos la buena nueva, por cortesía del Doctor Mendieta. El cirujano, que cataloga su obra de “escultura tridimensional”, no vive lejos de mi casa. Espero no cruzármelo en el barrio, no vaya a ser que considere mis posaderas sus clientas potenciales.

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GUERRA. En fin. Debates quirúrgicos, mediáticos y sociológicos aparte, siempre me he esforzado por mantener mi independencia anatómica y capilar. Confieso que soy muy celosa de mi entrepierna y que trato de mantenerla ajena a los designios de Vice, el New York Times u otros líderes de opinión. Hay una guerra ahí fuera entre los dictados de la moda y la libertad personal, y la delgada línea roja del bikini ya se ha cobrado muchas víctimas… Yo sólo espero que  mi toto, como dicen por aquí, siga sin ser una de ellas.

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