QUÉ PROVOCATEUR!

SEXY. Penélope Cruz dirige el nuevo spot de Agent Provocateur para convertir a Miguel Ángel Silvestre en chico Martini. Armado con sus gafas de rayos X, el actor se enfrenta  a una corte de lindas señoritas en caros paños menores. Impertérrito ante tanta curva, posa varonil, como diciéndonos “pa’ cuerpo el mío”. Sólo el baile técnicamente sexy de Irina Shayk consigue romper su aparente serenidad y es que siempre fue difícil resistirse a los cantos de sirena de la mujer de un futbolista.

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MALA. Pe mete a MAS en un chalet lleno de pibones y nos censuran en Youtube, como si estuviéramos rompiendo el más sacrosanto de los esquemas. Lesbianas, embarazadas, negras, chinas… ¡Hasta obreros del ladrillo! Chica mala, Penélope… Mientras los unos salvaguardan su moral –esa que les permite eludir, legalmente, el pago de impuestos en España-, las otras se labran una reputación provocadora, representando a “todos los tipos de mujer en el spot”. ¿Perdona?

PODEROSA. En fin, nos hemos vuelto modernas. Tanto que hasta compramos tíos online, dándole al botón del carrito. Adoptauntio.com reinventa la red social de contactos, cediendo el poder a las féminas. Podemos elegirlos barbudos o imberbes, malotes o angelicales, bohemios, ejecutivos, intelectuales… Un frondoso árbol de decisión de compra desplegándose ante nuestro ávido apetito de amor, mientras ellos gozan sintiéndose objetos de deseo. El mercado de la carne, exento de romanticismo, pero pasado, eso sí, por un buen tamiz de marketing.

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QUEER. Menos mal que ante tanto sexo quirúrgicamente diseñado para sacarnos los cuartos, me crucé el otro día con el documental en la 2 sobre Beatriz Preciadono se la pierdan!). Jesuita trans-género queer es la forma en que se define la escritora. A eso le llamo yo una bio y yo me quedo encandilada con su aseveración de que la heterosexualidad y la homosexualidad son puras ficciones, surgidas en 1868 (si no recuerdo mal), con el fin de normalizar las prácticas sexuales con fines reproductivos, catalogando como anormales a las otras. Un deleite para los sentidos este derroche de provocación. Provocación, eso sí, de la buena, de la que sale sola, por puritita necesidad. Si en el siglo XIX se marginó el sexo no reproductivo, parece que en el XXI censuraremos el no monetizable.

PROVOCADOR. En el spot de Agent Provocateur, Javier Bardem, en el nuevo papel de su vida, despierta a Miguel Ángel Silvestre de su lúbrico sueño, para descubrirle que no era más que un obrero sudoroso, dormido a pie de obra. Definitivamente, esto es una marca aspiracional: no ya por hacernos soñar con mujeres retozonas, si no con paletas con empleo. ¡Qué provocateur!

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