GÉNERO DE CALIDAD

LARA. En el catálogo sueco de Toys’r’us, este año salen niñas empuñando metralletas y niños jugando a las casitas. El debate de género salta al mundo de los juguetes – que siempre fue un fértil campo de cultivo-, y la multinacional estadounidense consigue su GRP. Todos ganamos. Me gusta la mirada retadora de esa pequeña émula de Lara Croft, desafiando a las convenciones. Se ve que para lograr la igualdad con los hombres –sea lo que sea, lo que eso significa-, nos corresponde recurrir a la violencia. Mientras tanto, un dulce querubín da el biberón a un muñeco, demostrando que para lograr la paridad, no hay otro camino que encarnarse en el estereotipo más estrepitoso del sexo opuesto. Cogemos lo mejor de cada casa, vamos.

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BETTY. Mientras los niños suecos deciden si quieren ser Betty Drapper o Rambo III, Chanel ya ha decidido que sus próximas consumidoras serán Brad Pitt. El anuncio, en el que el ídolo posa con melena y perilla noventeras, como un chico malo del grunge recién salido de la ducha, nos habla de transgresión. O no. El monólogo de Pitt en el spot alcanza una auténtica cima poética, tan evocadora como vacua, cuyo aparente destello verbal se consume en un hilillo de incoherencia, segundos después de haberlo visto. El anuncio es gris como la crisis, existencial como un saldo bancario a fin de mes, sexy como nuestros malogrados deseos consumistas. Reinventing Chanel.

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 SIRI. Y es que, puestos a elegir, no está claro qué género deberíamos pedirnos. Si no, que se lo digan a las decenas de Apples, Siris y Macs que empiezan a poblar los registros de recién nacidos en Estados Unidos. Esos nombres abstractos, referenciales, -¡reverenciales!-, muestran que hace tiempo que la fe abandonó el santoral, para irse a una Apple Store. Los bebés bendecidos con la genialidad (al menos en lo que a onomástica se refiere) del visionario Jobs, encaran así su vida libres de ataduras, sin un nombre que les condicione el género en el DNI.

LOUBOUTIN. Aunque si al papel nos atenemos, hay dos formas de ganar la batalla de los sexos. Una es empuñando una metralleta, la otra es vistiendo un Armani Privé. Con una tendencia a amortizar el esfuerzo digna de elogio, SModa y El País Semanal repiten reportaje, elevando a las principales directivas españolas a los altares de la sofisticación, mientras les preguntan cómo han escalado la dura jerarquía empresarial hasta ser quienes son. Eso sí, pasando ese peaje por el cual sólo pueden responder si es vistiendo un modelazo. Será que el techo de cristal sólo se rompe con el tacón de un Louboutin.

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GASPARD. En fin, épocas duras para la igualdad, el género y demás conceptos abstractos. Está claro que sólo se alcanzará el equilibrio el día en que las mujeres empresarias o los presidentes negros no salgan en los papeles, en calidad de tales. Mientras tanto, habrá que hacer resonar el eco feminista de una ametralladora de plástico, disparando por nuestro derecho a decidir qué queremos ser. Eso sí, para musas de Chanel, me quedo con Gaspard Ulliel, que lo cortés no quita lo valiente. Género sí, pero de calidad, por lo menos en la opinión de esta humilde observadora.

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