HOLY CARAX

En estos tiempos tormentosos en los que vivo (y vivimos) actualmente, quiero compartir una perla que es puro tormento: preciosista,  estrafalario, irónico, pero tormento al fin y al cabo. Pertenezco a esa mitad de la humanidad que ha disfrutado el “Holy motors” de Léos Carax con entrega y devoción, aunque por si acaso pertenecéis a la otra mitad, no caeré en la osadía de recomendarla. Reconozco que ese paseo por los géneros del cine -desde el documental al drama, pasando por el musical-, y por los personajes en los que nos enfundamos cada día para ir a trabajar, no es apto para cualquier estómago. Ese rendez-vous final, antes del epílogo de coches parlantes a lo Disney, es una bofetada que ya nos han dado en otras películas, aunque nunca había sonado tan contundente. Ese Mr. Merde de Denis Lavant, un prodigio corporal, que nos hace ver todo lo deleznable del ser humano, como la cosa más entrañable que pueda haber. (Queda para el recuerdo esa erección floreada de Lavant, acunado por la maravillosa Eva Mendes.) Una joya, en fin, que tanto si gusta, como si no, revuelve con deliciosa maldad.

Mención aparte merece la banda sonora, con auténticos hallazgos como la versión de R.L. Burnside que encabeza este post, o la balada entonada por una trágica Kylie Minogue.

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