LA ZORRA Y LOS MEDIOS

GUARRAS. Dicen las malas lenguas que todo empezó cuando la concejala se lió con el futbolista. Si Bigas Luna levantara la cabeza (cinematográfica), se iría a Yébenes, cámara en mano, a filmar estos amoríos furtivos. Las malas lenguas somos todos y desde que tenemos Twitter, más. Nos hemos vuelto corifeos del corta y pega, haciendo Trending Topic al primer desvarío que se tercia. En este caso, la tragedia arranca con unos tocamientos, supuestamente íntimos, aunque muy públicos en la práctica, por culpa de los cuales, su protagonista, Olvido Hormigos, decidió dimitir. (Lástima que otros que se tocan las bolas no dimitan.) Aunque la edil socialista acabó cambiando de idea gracias al canto general de Twitter, me parece da una tristeza rancia que una señora tenga que disponer de su cargo, porque se sepa -y se vea- que se masturba. El estigma de la guarra, supongo.

GATAS. Mientras Hormigos hace su particular vía crucis por la red, otras hembras se enfrentan en televisión. Anne y Mariló. Mariló y Anne. Esa entrevista tensa de las dos divas del buenrollismo se ha convertido en un ejemplo más de lo mal que nos llevamos, ¡ay!, las mujeres. Hace unos meses ya tuvimos otra riña de gatas en las redes sociales, de la mano de Ségolène Royal y Marie Trierweiler. Todo surgió a raíz de un tweet (cómo no podía ser de otra manera), en el que la actual pareja del presidente Hollande, Trierweiler, apoyaba al contricante político de Royal. ¡Cómo gusta a los medios fomentar esas luchas en el barro mediático, ese cuerpo a cuerpo estéril, destinado a demostrar la inmadurez de las mujeres a la hora de gastárselas con el poder! Si en vez de Mariló y Anne, la entrevista hubiera sido entre Piqueras y Prats, donde dije digo, digo Diego y donde dije maldad, digo carácter.

YEGUAS. Menos mal que todavía quedan mujeres de bien, como la Sra. de Mark Zuckerberg. Priscilla Chan es, probablemente por méritos propios, una profesional encomiable, pero que salga en el Vanity de este mes por el mero hecho de ser la esposa-de me hace pensar en ella como en una de esas yeguas que se vendían en las ferias. Algo que observar, que admirar y que comprar. Porque no lo neguemos, el éxito -por lo menos a los ojos de los medios- de Chan es haberse casado-con. ¿Conocemos, acaso, a la pareja de Christiane Lagarde? Sólo el cónyuge de la dominatrix Merkel ha conseguido ser, ocasionalmente, marido florero, pero que es que Doña Angela es mucha Angela.

ZORRAS. Menos mal que otra dominatrix, patria en este caso, también protege nuestra virtud. Preguntada acerca de las declaraciones del obispo de Getafe, según el cual Eurovegas fomentará el desarrollo de la prostitución, Esperanza Aguirre responde, categórica, que eso no es así “para nada”. La capital del foro seguirá siendo santa y pura, libre de zorras. Pero… un momento, ¿no decíamos que había que generar empleo? Tanta doble moral, como la noche a Dinio, me confunde. Reconozcamos las bondades de Mr. Sand y demos a las prostitutas su lugar en el mundo, o por lo menos en la meseta.

CORDERAS. Salvo que lleve el sello de una buena campaña de marketing, todo lo que tiene que ver con el destape de la sexualidad femenina nos incomoda. Las mamás pornográficas de E.L. James se han erigido en auténticas herederas de Corín Tellado y en valedoras de la lujuria de masas. Por obra y gracia de un diseño minimalista, ya está bien visto que suspiremos por que un macho nos someta como a dulces corderillas. Y es que la moraleja es clara: el marketing es esa tabula rasa que nos permite tocarnos, previo paso por la caja registradora.

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