MISS CAMISETA MOJADA AGOSTO 2012

A pesar de las apariencias, Agosto siempre fue un mes del desasosiego, de tormentas de verano que no acaban de explotar y de días demasiado largos o demasiado cortos. Como el negativo del resto del año, Agosto nos revela y se nos rebela. Mientras las cifras macroeconómicas siguen su danse macabre, nosotros disfrutamos de nuestros tuppers en la playa, estrenando nuestra recuperada pobreza y atendemos a los designios del oráculo Draghi, como quien sigue un folletín de sobremesa. (Por cierto, fascinada me hallo por este señor y por cómo los mercados S.A. responden a las inflexiones de su tono de voz, cual escobas embrujadas por el aprendiz de brujo. Sin duda, le ha devuelto a la retórica un -como no podía ser de otra manera- austero esplendor. Lástima que, como en la película de Disney, los elementos, aunque subyugados por su poderío económico, se le acaben desmandando de todas formas.) Agosto es pues un mes que nos licúa poco a poco, desdibujándonos en el horizonte de unas vacaciones difusas.

En estas digresiones andaba yo, cuando, de pronto, dos faros me iluminan en Pinterest: los pezones de Sigourney Weaver. Esta instantánea de Helmut Newton pone un alto en el camino, refrescando mi retina. Qué escasos, los pezones, siempre ocultos, camuflados, disimulados… Y qué alegría ver semejante desplante, con lo poco acostumbrados que estamos a su protuberancia, considerada, históricamente, una falta de recato, valor -se ve- muy importante.

Llevada por esta pequeña euforia estética, recupero otras fotos magistrales de iconos que también lucieron relieve, creando una improvisada galería de Miss Camisetas Mojadas. Desde una Angelica Houston, cual jinete cogiendo el cigarrillo a modo de látigo, hasta una Patti Smith, que además de pezón luce vello y axila, pasando por la ambiciosa aspirante a croupier encarnada por Susan Sarandon en “Atlantic City. Tanto orgullo pectoral tiene que generar, por fuerza, un buen chorro de energía, capaz, no sólo de superar a las carretas del refrán, si no también de quitarnos este tedio sombrío de encima. No en vano, “Afrodita, pechos fuera” fue el grito de guerra de nuestra infancia animada. Aunque ahora digan que la frase nunca existió, estoy convencida de que semejante afirmación no es más que una cortina de humo para tapar, una vez más, el poderoso rugido de una buenos pechos.

En fin, amigos, lectores, merodeadores diversos, aquí dejo esta galería de Misses, invitándoos a completarla y sobre todo a refrescar este estío de nuestro descontento, quitando camisas, sujetadores y cualquier otra cosa que os apriete demasiado.

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