JÓDETE TÚ

RETABLO. El ya antológico vídeo de Andrea Fabra escupiendo su rabioso “Que se jodan” tiene algo de retablo oscuro. Después de lanzar el improperio, todos sus compañeros cierran filas, literalmente, acodándose a la grada con idéntica pose. Manos cruzadas, busto hacia delante. Como gárgolas políticas, se atrincheran en sus escaños, amenazando con mordernos más derechos si nos quejamos otra vez. Previo a ese cierre marcial, el rostro de Rajoy, pura gestualidad de lo pequeño, me recuerda a los entrañables muppets. Como en el semblante de estos, todo se arruga en el centro de su cara: nariz, ojos, boca, absorbidos por una espiral de emoción, al ver a sus soldados aplaudirle coraje.

TÍTERES. El problema de este teatrillo es que los hilos de estos títeres los mueve demasiado a menudo la prepotencia y una sensación de pertenecer a algo que nos excluye a los demás. Supongo que los demás somos todos los que somos tan listos como para llevarnos nuestro bocado de la tarta sin importarnos lo que le pase al resto del mundo; los que no nos reímos más alto que nadie porque ese mundo, precisamente, nos hace muchísima gracia; los que no tenemos motes, porque nuestros nombres ya son cortos de natural. Aunque ahora se camuflen bajo la palabra “liberal” –¡ay, el debate nominalista!-, los conservadores siguen queriendo lo mismo: conservar (sus) derechos y el que no los tenga, que espabile.

INSULTO. Pero volvamos a la hija Fabra, digna heredera de su padre, que con este exabrupto asegura que en su linaje no se pierde el gusto por el insulto. El “que se jodan” de Andrea no llega al nivel del “qué hijo puta” que soltó Carlos Fabra, pero sí augura un futuro de bajeza dialéctica que perpetúa la estirpe. Lo más llamativo es que para justificar su “desafortunado” comentario (s.i.c.), la diputada explica que lo dirigía a la bancada socialista “que estaba gritando y soltando frases insultantes”. Suponiendo que así fuera, ¿es de recibo que la respuesta sea en forma de desplante hooligan? ¿Es esa la retórica que espera a nuestros tristes votos? Y sobre todo, ¿es lógico que nadie en su partido haga un mínimo acto de contrición?

OVACIÓN. Lo es. Considerando que la todopoderosa Soraya Sáez de Santamaría explica la ovación cerrada del PP a Rajoy, por dar la cara “sin disimular y sin disfrazar ninguna de las medidas”, es lógico que nadie en su partido penalice la falta de respeto, cuando lo que hacen es de ética para dummies: premiar por decir la verdad. Partiendo de esto, lo otro es para jugadores avanzados.

MONÓLOGO. Hay una escena en la película “La última noche”, en la que el traficante interpretado por Eduard Norton, antes de entrar en prisión para cumplir una pena de 7 años, lanza 40 “que se jodan” a prácticamente todo lo que se mueve a su alrededor: paquistaníes, señoras de Park Avenue, su padre, su novia, Osama Bin Laden… Al final del monólogo, otra vez de este lado del espejo, se dice a sí mismo: “No, jódete tú, Montgomery Brogan”. ¿Llegará el día en que la autocomplaciente Andrea Fabra se diga a sí misma “Jódete tú”, entendiendo que el desprecio es lo contrario de la empatía, y que sin esta, nadie debería estar en política? Desde luego, si llega, el PP no hará la ola, hará un tsunami en el congreso.

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