UNA SOCIEDAD PORNOGRÁFICA

GASTRO. Como Mahoma, aunque nosotros no vayamos al porno, el porno viene a nosotros. Leo que algo aparentemente inofensivo como fotografiar comida y circularlo por las redes sociales, tiene un carácter tan adictivo y voyeurista que merece el sobrenombre de “porno gastronómico”. Ay. Cuando retratamos esa ensalada que es puro cabra, balsámico, hoja de roble, poesía, al fin, de lo silvestre; o ese estruendo de carne que suelen ser las hamburguesas gourmet; o el inefable gin-tonic, resucitado hasta la extenuación sin que él nunca lo pidiera; en todos esos casos, estamos sumiéndonos en nuestros más abyectos instintos y dejando que todo el mundo lo vea.

DE-CONS. Esta pasión gastronómica y social responde, según Francisco Ordónez de la Rosa, a nuestra necesidad de relacionarnos con los demás y de mostrar estatus. Sin embargo, el porno de toda la vida es des-estatus, deconstrucción, abstracción de gestos y muecas y fluídos, como bien explica Andrés Barba, por lo que el gastro-porn tiene un matiz distinto. En lugar de deconstruirnos, nos reconstruye a través de la comida, cuya naturaleza, reconstituyente por definición, nos hace así defensores acérrimos de la vida. Una vida cómoda de restaurantes trendy, de pequeña burguesía, de jiji-jaja, pero una vida al fin y al cabo.

PORN. Y es que, a pesar de las tendencias autodestructivas que siempre arrastramos –o nos arrastran-, todos queremos vivir. Incluso más allá del aquí y el ahora, por eso, artistas del género como Kayden Cross se entregan a la poesía y hacen lecturas en cafés de Sacramento, como si estuvieran en el mismísimo Saint-Germain. (Atención a su blog: merece la pena una visita.) Del mismo modo, otras compañeras de gremio leen poemas ante la cámara de Lauren Nakadate, integrándose de pronto en la historia del video-arte. Ya lo dice Vice, el porno es cultura.

GEEK. Antes de que el porno se deconstruyera, algunos ingenieros informáticos lo esculpían a golpe de bit en nuestras virginales pantallas. El ASCII pr0n se convertía así en el precedente naïf de la industria online, dando piezas que hoy se venderían en galerías por algo (¿mucho?) dinero. Me recuerdan a los dibujitos de Juan Francisco Casas y es que son garabatos geeks con aspiraciones a algo más. Circulando por los inboxes de hackers, recreaban una realidad metafórica de puntos y comas, apelando a la imaginación de sus usuarios, para escribir el resto de la frase.

HEART. Y así se nos pasan los días, construyendo y deconstruyendo pulsiones, atrapados por la tensión de querer ser lo que mostramos y no querer mostrar lo que somos. Saturados como estamos por imágenes de todo tipo, acabamos viendo pornografía donde no la hay. ¿Será porque la repetición sin fin acaba quitándole el sentido a lo que vemos, convirtiéndolo en algo ajeno, que se propaga por nuestras retinas como un virus no identificado? En el porno, el sexo sin sentimiento cumple una misión mecánica, y de la misma forma, la circulación de fotos, frases y memes nos estimula con el latigazo de la novedad, chutándonos un vacío que se vuelve adictivo. Vivimos en una sociedad -de la información- altamente pornográfica, en la que ni siquiera una hamburguesa es inocente. Quizás por eso, nos resulten hoy tan entrañable esos haikus del ASCII pr0n, que son pura poesía alfanumérica. Ya lo dice Robbye Bentley en el vídeo de Nakadate: “If you give me a dollar, I’ll take off my top and you’ll see my heart”. En el fondo, lo que todos buscamos no deja de ser eso: casquería emocional. Que aproveche.

PD: Gracias a Eva y a Sergio, que me enviaron varios de los links inspiradores. :*

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