TRÍO EN EL ELÍSEO

Esa calma tensa de los domingos por la tarde es hoy mas tensa que nunca gracias a las elecciones francesas. Con el ojo de los analistas puestos sobre ellos, nuestros vecinos galos van a las urnas para decidir qué será del romance Merkozy. Poca broma: el disputado corazón de Angela podría cambiar en breve de dueño. Dentro de esta tormenta europea, política y perfecta, me quedo, embobada, mirando los carteles de los principales contrincantes: mientras Sarkozy desafía al horizonte con solemnidad, Hollande sonríe, levemente, en plena campiña francesa. El uno se erige en capitán, llevando la metáfora política al plano literal, con fondo marítimo incluido. Desafía al horizonte, iluminado por un amanecer pionero. El candidato socialista, en cambio, esboza una no-sonrisa y se recorta sobre un paisaje sfumato, al más puro estilo de La Gioconda. Hay algo femenino en esa imagen, como si Hollande quisiera adueñarse del influjo de su ex-mujer, Segolène Royal, candidata al Elíseo en las elecciones de 2008.

Ya sea la Hormona Fuerte del macho alfa Sarkozy o la poesía electoral de Hollande (su eslogan “Le changement: c’est maintenant” es pura música), todo encanto es poco para enamorar al electorado francés. Pareciera que estamos en El Louvre, ante tanta grandeur. Desde luego, falta les va a hacer a cualquiera de ellos, para lograr el corazón no sólo de los franceses, si no el de Frau Merkel, y lo que es más complicado: el del amante más volátil, el mercado. Que Marianne (nos) reparta suerte.

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