YO QUIERO IR A OXYTALÁN


En su última publicidad, Shiseido desafía a las arrugas, invocando el poder rejuvenecedor de las fibras de Oxytalán. La marca japonesa celebra sus 140 años, descubriendo la fórmula definitiva que nos librará de la vejez hasta que -¡ay!- nos alcance la parca, mortales aunque tersos. “La piel no debe parecer joven sino serlo” afirma. Ese sentar cátedra, esa fiereza imperativa, me despiertan el impulso irrefrenable de someterme a sus designios, yendo a comprar, cuanto antes, la Shiseido Bio-Performance Advanced Super Revitalizing Cream.

Frases largas como versos de T.S. Elliot, palabras extrañas, extranjeras: la publicidad cosmética es la poesía del marketing y nos deja sin aliento, tocando teclas insospechadas de nuestro ser.  Como el Macondo de García Márquez o el Yoknapatawpha de Faulkner, Shiseido nos conduce hasta Oxytalán, ese lugar mitológico “donde nacen las arrugas“, la fuente de toda dicha, y nos ayuda a encontrarnos, perdiéndonos en el abismo insondable del acto de compra.

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