POR EL MISMO PATRÓN

Todo en esta fotografía respira clonación. No sólo Marta Ortega va vestida como su prometido, si no que ambos se mueven con la misma cadencia y lucen un mismo ceño, fruncido por el sol rabioso que ilumina sus vidas. Hoy ocurre el advenimiento: la heredera del dueño de Zara se casa con el jinete Sergio Álvarez Moya. (Inciso: me gusta cómo los medios añaden el segundo apellido a las personas ilustres, cuando el primero es común, como García o López: les otorga un toque de distinción, aunque no lo tengan o no lo necesiten.) La hijísima sublima, pues, nuestros sueños más húmedos de bodas, príncipes y princesas, con corcel incluido. Cuando la monarquía falla, Amancio sale al rescate.

La copia, además, no es sólo entre ellos, si no con otros: él me recuerda al también jinete Nacho Figueras en versión decaf, mientras que ella emula, con su melena rubia y sus rasgos muy correctos, a la princesa oficial que teníamos los españoles. ¿O quizás fue a la inversa y fue Letizia quien emuló la belleza según Zara, en ese camino de perfección que pronto la llevará a desaparecer ante nuestros ojos? (Sus muñecas esqueléticas en Arco, ¡ay!, grabadas como astillitas en mi retina.) Aunque así fuera, no pasaría nada; siempre habrá otra copia rubia, democrática y aristocrática, habitando nuestra imaginación.

Como no podía ser de otra manera, la novia vestirá de Zara y quién sabe si se inaugura así una nueva línea de negocio para el imperio sobre el que nunca se pone el sol. Ya tenemos linaje que perpetúe nuestro sentimiento plebeyo: si los ingleses admiran a Catalina y a Guillermo, nosotros tenemos a Sergio y a Marta. Gracias Amancio, una vez más.

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