LO MEJOR DE 2012

FLOR. Comienzo el primer post de 2012 por el título, sin saber dónde me llevará, arrastrada todavía por el oropel de las fiestas, categórica como sólo una buena borrachera te permite serlo. Lo mejor del 2012 está por llegar, como diría Frank Sinatra, y de hecho, empezamos el año con un campo minado de ausencias. Mientras De Guindos, con su perfil escarpado a lo Curro Jiménez, abrupto, riscoso, declara que volveremos a caer en recesión –la ausencia (de crecimiento) por antonomasia-, y Soraya Saéz de Santamaría sube impuestos, asume carteras y se instaura como MILF oficial del PP, Mariano Rajoy convierte la fuga en una de las bellas artes, evitando toda comparecencia oficial hasta febrero. ¿Se está reservando, quizás, para entregarnos su flor, como diría Señorita Puri, el día de los enamorados?

SUEÑO. Más allá de la desaparición de nuestro hombre en La Moncloa, detecto otras ausencias, en este arranque incierto de 2012. De una de ellas me informa, como cada año, el padre de la criatura, al decirme cuál es la mejor canción del año que cerramos, según Pitchfork y Rock de Lux. Como ya pasó con 2010, ambos popes del sentir Indie coinciden: “Midnight city” de M83 se lleva la palma en esta ocasión. El tema, eminentemente ochentero, es toda una oda a la espera, un monumento de arqueología emocional. Su ritmo pegadizo nos retrotrae al “Club de los 5”, a “Malas Influencias”, a “Golpe al sueño americano”, a todo aquello que un día quisimos ser y no fuimos y que imitaríamos torpemente en algún bar de Malasaña. Una capsulita de nostalgia a golpe de sintetizador, coronada con un crescendo de saxo que haría bailar a cualquier treintañero aburrido.

MANTA. Hablando del rey de Roma, leo hoy en El País que el aburrimiento, de hecho, es tendencia. El tedio como opción cultural, lo llama mi admirado Xavi Sancho, y alude a los gruesos jerseys de  “The killing” o las sempiternas crisis existenciales de los protagonistas de “Mad Men”, como síntoma de esta nueva moda. El término original, “new boring”, lo inventó Peter Robinson en un artículo de The Guardian, y como todo en esta vida, hasta que el concepto no esté licenciado y estampado en una camiseta de H&M, no lo entenderemos del todo. Hasta entonces, me quedo con la idea de que se refiere a ese hastío cultural que encumbra a artistas monocordes, clónicos, beis, como una tal Adele, o que impulsa la venta de batas y pijamas, en los que enfrascarnos para leer el último y aburridísimo best seller nórdico. (¿Fuimos pioneros en España al acuñar la renombrada “batamanta”, con ese fatalismo nuestro tan patrio? Who knows.)

MASCOTA. Aunque si hablamos de ausencias, este fresco no estaría completo sin el atlético hueco de Urdangarín en la sala regia del Museo de Cera, después de dejar, presuntamente, un no menos atlético hueco en las arcas públicas baleares, por cortesía del instituto Noos. Y es que llega un momento en que las sumas de dinero se vuelven tan abisales, tan abstractas, que hay que darles de comer como a una mascota insaciable. Como decía Silvio Dante: “Just when I thought I was out, they pulled me back in”.

VAROOM. En fin, lo que iba a ser un post panorámico de arranque de año, se me ha puesto denso. Es lo que tiene el horror vacui y más en un domingo víspera de la vuelta al trabajo. No en vano, creo que la hoja de Enero de mi calendario de 2012 va a ser providencial: el “Varoom” de Lichtenstein, que es ausencia en  movimiento, crisis estrepitosa, el caos que sólo puede dar paso a algo nuevo y mejor. Por cierto, en alemán “varum” significa “¿por qué?”, una buena pregunta para empezar el año y hacer borrón y cuenta nueva de todas aquellas ausencias que nos pesan demasiado a las espaldas. Que usted lo explote bien.

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