PERLAS DE RÍO: JUAN EDUARDO CIRLOT

Hace un par de semanas, y guiada por un artículo de Babelia, fui al Centro de Arte de Santa Mónica a visitar la exposición de Chema Alvargonzález. Titulada con la mítica frase de GoetheMehr Licht” (auténtico fondo de armario poético para espíritus sensibles), prometía y me gustó. Sin embargo, la perla de río que descubrí fue otra: “La habitación imaginaria” de Juan Eduardo Cirlot.


Desconocido para mí hasta ese momento, me costó entender si se trataba de un poeta, un artista o un músico y supongo que ello forma parte de su encanto. Adscrito al surrealismo y al dadaísmo, trabajó en la editorial Gili hasta su muerte, mientras componía música para Dau al Set, coleccionaba espadas o escribía un diccionario de símbolos, además de varios poemarios.

Cuando tiene 50 años, se produce un punto de inflexión en su vida, como explica, con hermético lirismo, la Wikipedia: “En 1966 vio la película El señor de la guerra de Franklin J. Schaffner.” Punto y aparte.

Este acontecimiento, aparentemente mundano, desencadena una de sus obras cumbre, alrededor del personaje encarnado por Rosemary Forsyth: Bronwyn, epítome de la dama medieval, espiritual y pura, “en un espacio que no puedes abrir con los espinos de tus manos“. En esta habitación que el Centro de Arte Santa Mónica le ha acondicionado a Cirlot, hay una proyección que muestra primeros planos de la actriz que, desmarcados del que sería su probable contexto hoy en día (el telefilm de sobremesa), adquieren dimensiones de videoarte inusitadas. Otra de las proyecciones -absoluto must, en mi humilde opinión- recoge escenas de películas seleccionadas por Cirlot, no por su argumento, si no por su carácter estético, como piezas de un puzzle metafísico, destinado a que nadie lo entienda, o si acaso las resonancias magnéticas del universo. Esto, junto con su declaración de amor a las espadas nada más entrar, son para mí los puntos álgidos de la exposición.

En fin, una auténtica y recoleta gozada, que os recomiendo fervorosamente si estáis hasta el 9 de Enero por Barcelona. Queda dicho.

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