MANZANA EN SÁNSCRITO

AUSENCIA. Que lleguen a mis ojos y oídos noticias relacionadas con la marca más importante del planeta no tiene mucho mérito: si no, no lo sería. Me llama la atención el capricho del destino que hace que todas las que pone en mi camino últimamente sean rebeldes, traviesas y juguetonas, y atenten contra la sombra alargada de Steve Jobs. La primera de ellas viene de la mano de -mi siempre referente- Muack: el lanzamiento de la Intangible Edition del iphone 5. Eslabón en la ya clásica tradición del fake, el vídeo nos muestra un dispositivo que de tan ligero, no existe. Como el cuadro blanco de Yasmina Reza, que sembraba la discordia en “Arte”, este iphone sublima todo lo que siempre le pedimos a Steve: que nos hiciera soñar. Y qué mejor para soñar, que la absoluta ausencia de objeto.

OBJETO. Rezumando la misma ironía, la última campaña de Samsung parodia a los fanboys de Apple, haciendo cola como peregrinos a las puertas del Apple Store, mientras descubren lo inaudito: un teléfono móvil todavía más sexy que su iphone. The “next big thing”, el Galaxy S-II, “ya está aquí”, afirma. Del noli me tangere a la disponibilidad más prosaica. Los auténticos smart phones son aquellos que no te hacen perder el tiempo como gregarios de lo cool, si no que te ofrecen aquí y ahora una pantalla más grande o una batería más potente. Un objeto, al fin y al cabo.

CIELO. Más allá del marketing y más acá del mercado, un señor llamado Suneet Singh Tuli lanza en India una réplica del ipad al irreverente precio de 35 dólares. Subvencionado por el gobierno, que busca así acercar la tecnología a sus estudiantes universitarios, la tableta Akash (“cielo” en sánscrito) permitirá en el futuro que incluso el rickshawala, que pedalea por las calles de Mumbay para subsistir, lejos, muy lejos de Palo Alto, pueda conectarse a Internet.

SANTO. Mientras descubro cómo el último santo del marketing tiene que hacer frente a estas amenazas rebeldes, leo, también, cómo los gobiernos del mundo se quitan la piel política para enfundarse el mono tecnócrata. La crisis nos hizo perder la fe en el sistema y quién mejor para reactivarla, que los operarios del mismo. Definitivamente ya no buscamos creer en la ideología, si no que preferimos hacerlo en la idea creativa y perdonadme la rima, que no deja de ser un desliz marketiniano. No es casualidad que el vellocino de oro de los anunciantes sea hoy en día el “engagement”, lo cual, traducido al cristiano, no es más que “compromiso” o “noviazgo”, es decir, lo que un día, no tan lejano, existió con la política.

RITUAL. ¿Debemos atribularnos por ello? ¿Debemos creer en el genio de la manzana o rebelarnos contra sus designios? ¿Cómo se dirá “manzana” en sánscrito, la lengua ceremonial hindú? Que necesitamos creer es algo innegable. Que la fe se sustente en algo que cabe en un bolsillo parecía una buena idea, por aquello de ir ligeros de equipaje; lo malo es que al final pesaba medio sueldo de mileurista al mes. En fin, a ver si ahora que nos gobiernan los tecnócratas, que hablan el sánscrito de las finanzas, empezamos a echar de menos a la política y nos volvemos a enamorar de ella.

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