UN GUIÑO CÓMPLICE

CHASCARRILLO. Volvemos al marketing y a los indignados y es que quizás, no hay nada más en este mundo. Ventas e indignación, o lo que es lo mismo, vender y que no te compren, ergo la energía sísmica que nos mueve a avanzar. Telefónica es en este caso responsable de mi recaída, más concretamente su spot para promocionar que, a partir de ahora, todos sus sms serán gratis. En él, recrea una asamblea de barrio que aplaude los chascarrillos de portavoces espontáneos, para llegar al consenso buena onda de que nada mejor puede pedirse a la vida que enviar sms gratis. Movistar se viste así de whatsapp para mantener el imperio telefónico sobre el que nunca se pone el sol.

IRONÍA. ¿Es un “guiño cómplice” a las asambleas de indignados? ¿Una señal de que están al día de las tendencias y quieren, con espíritu berlanguiano, evocar el presente patrio a través de la ironía? Llevada por la imaginación, no puedo evitar visualizar a un oligarca tradicional, de los que fuman puros en las bodas, urdiendo esta campaña junto a algún cínico publicitario a lo Frédéric Beigbeder.

ENTELEQUIA. Su jocosa falta de respeto resulta cuando menos tenebrosa, si nos fijamos en los gobiernos europeos que caen como moscas a nuestro alrededor. Il Cavaliere se fue ayer con el lifting a otra parte y las altas esferas colocan en su lugar a Mario Monti, comisario europeo, prestigioso economista y presidente de algo que se llama Comisión Trilateral, que a mí me suena a organización muy secreta con fines muy dudosos. A pocos kilómetros, Lucas Papademus, el exvicepresidente del BCE, se hace cargo de la maltrecha Grecia. Nuestros destinos, ¡ay!, en manos de los mercados, esa entelequia.

MAQUINARIA. Decir que todo es culpa del mercado es algo así como alegar el “yo no he sido” de Bart Simpson. Los mercados somos todos y es que cada vez que desembolsamos un euro, engrasamos la maquinaria mercantil. No se trata –necesariamente- de fugarnos al monte, convertidos en ermitaños, pero sí podemos indignarnos, es decir, no comprar a según quien. Tenemos, de hecho, una gran ocasión de hacerlo, el próximo domingo en el mercado electoral.

DELITO. Mientras yo me indigno, íntimamente, con el anuncio de Telefónica, el oligarca y Fréderic fuman un puro, cuyo humo dibuja la silueta del dólar. El guiño es, definitivamente, cómplice, es decir: que coopera en la ejecución de un delito o falta. Delito frívolo, de echar unas risas, de los que no pasarán a la historia, pero delito -de mal gusto- al fin y al cabo.

Anuncios