EL FUTURO DEL VINTAGE

SUPERMAN. Gracias a Phenomena, el jueves pasado fui víctima y verdugo de una auténtica catarsis colectiva: el visionado de “Superman” treinta años después. Como todos mis congéneres allí presentes, aplaudí con fervor los títulos de crédito, el primer vuelo de Lois y Lane, o los peluquines de Lex Luthor: todos ellos, puntales, en fin, de nuestra infancia común. Un torbellino de emociones –sólo puedo decir ¡cáspita! para ser fiel al espíritu del momento-se apoderó de nosotros. El poder del vintage agitaba nuestros tiernos corazones, al amparo del cine Urgell.

TRANSFORMER. ¿Existirá un Phenomena dentro de 30 años? ¿Serán los niños de hoy, carne de cañón de la nostalgia? Mucho me temo que no y es que cuando el acceso al ocio se banaliza, la ficción deja de ser un bien preciado. Poder descargarte la última de “Transformers” en el ordenador de tu cuarto, como un hikikomori cualquiera, destruye la emoción de su estreno y el ritual de compartirlo. El acceso a Internet y la dispersión de los medios han redistribuido el entretenimiento, permitiendo que todos tengamos una dosis personalizada de evasión. A golpe de click, disfrutamos de lo que se nos antoje, sin necesidad de esperar una semana para ver un nuevo capítulo o varios meses, para ver un estreno.

V. Aquellas veladas alrededor de la tele, viendo la larga lengua de Diana comerse un ratón, ya no se repetirán jamás.

CINEXIN. Los objetos de consumo del pasado son los objetos de culto del presente. Este trueque emocional ha creado una industria vintage que alimenta sesiones de cine, páginas de revistas y productos de gran consumo.  En la era de la obsolescencia programada, el robusto Cinexin simboliza el poder de lo duradero y nuestra inquebrantable fe en la ilusión.

SUPER RATÓN. ¿Qué será del vintage dentro 30 años? ¿Qué recordarán los niños actuales? ¿Es viable una memoria colectiva, que una a miles de desconocidos en torno a un icono común en calzoncillos rojos? Si Zuckerberg tiene razón, no será la ficción la que nos congregue en torno a la hoguera, si no nuestra propia vida, más ficticia que nunca, plasmada en Internet. Las fotos de nuestros amigos, los vídeos de nuestras bodas, bautizos y comuniones, serán recuerdos únicos, que protagonizaremos, sin necesidad de pagar entrada. No olviden supervitaminarse y mineralizarse: las redes sociales son los nuevos dibujos animados.

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