REMINGTON STEELE Y EL IMPERATIVO CATEGÓRICO

“La vida es corta. Ten una aventura.” “Revive la pasión. Ten una aventura.” Aunque por motivos distintos, el fin de Ashley Madison y el de Victoria Milan es el mismo: la infidelidad. Partiendo del aburrimiento, que como el valor en la mili, se le supone al matrimonio, ambas webs basan su modelo de negocio en el lío extramarital, exponiéndolo casi como un derecho inalienable. La norteamericana, más directa, se inspira en el tempus fugit–“la vida es corta”-, para animar a su clientela. La noruega, más romántica, vuelve a los parámetros clásicos del amor sexual –“revive la pasión”-. La una mira al futuro, la otra al pasado. EEUU y Europa frente a frente, en una casa virtual de citas.


Si antiguamente, era a Facebook a donde íbamos a ligar, desde el jueves pasado sólo podemos usarlo para escribir nuestra autobiografía. Como el río de Heráclito, el nuevo timeline de Zuckerberg nos permite construir la narración de nuestras vidas, segundo a segundo, de forma única y trascendental. ¿Quién dijo que la amistad según Facebook era frívola? El chico de la camiseta también tenía corazón.

Pero mientras el corazón de Mark palpita, enamorado de su obra, otros órganos de nuestros cuerpos laten por motivos más prosaicos. (O no: la supervivencia de la especie depende de ellos…) Ashley y Victoria lo saben y por eso abren sus salones virtuales al amor. Legitimando la infidelidad, levantan algunas ampollas bienpensantes. Mientras que las webs clásicas del género, como Meetic o Badoo, dirigen su comunicación a treintañeros desengañados del amor, émulos de Carrie Bradshaw o Rachel Green, estas hijas bastardas se dirigen a sus hermanos mayores: Mercedes Alcántara, Diego Serrano… Personas cuyo sentido de la fantasía es tan rebelde como la grasa que se adhiere a su abdomen o a sus muslos. El microtargetting era esto.

¿Hay algo reprobable en estos planteamientos? ¿Tiemblan los cimientos de nuestra institución más sagrada? Si como dice el fundador de Ashley Madison, la monogamia es antinatural, estas webs no harían si no facilitar la cohesión de la comunidad, fortaleciendo el matrimonio a base de alguna canita al aire. Pura salud doméstica. A Internet nada de lo humano le es ajeno, por lo que siendo la infidelidad una práctica diríamos universal, era cuestión de tiempo que alguien lo convirtiera en negocio.

Me gusta mucho el nombre de ambas empresas. Ashley Madison y Victoria Milan suena definitivamente ochentero. Como la palabra “aventura”, por otro lado, también muy vintage. Inevitablemente, me recuerdan a aquella emblemática serie que amenizó mi infancia: “Remington Steele”. En ella, una detective privada, cansada de no atraer la clientela, más proclive a elegir a un hombre para las arduas tareas de la investigación, inventa un dueño masculino, el susodicho Remington Steele, que acabará encarnando, por avatares del capítulo piloto, el personaje de Pierce Brosnan. Desde que Él aparece, le llueven los casos. Los ecos de Ashley y Victoria resuenan en el despacho de la detective Laura Holt. Fantasía, aspiraciones, iconos. El deseo en forma de hombre atractivo sobrevuela nuestras conciencias y nuestras alcobas.

Como cantaba Paquita La del Barrio, ya sea por coraje, por capricho o por placer, engañar se convierte en un imperativo categórico. El coste de oportunidad de no hacerlo es el fracaso de la ilusión, el conformismo más anticuado, la muerte de aquello que nos prometieron los videoclips. El polvo más salvaje está a un click de tu mano. Un polvo de madrugada en la habitación de un hotel, un si-te-he-visto-no-me-acuerdo. Absoluto en sí mismo, incondicional. ¿Y tú te lo vas a perder?

No lo olvides, desde ahora, la vida tiene que estar a la altura de tu timeline. Lo ha dicho Zuckerberg.

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