MANIQUÍES QUE


Como las señoras-que, los maniquíes tradicionales son una especie en extinción. Aunque todos pensemos en ellos al oír la palabra -sus pómulos salientes, sus tetas sin pezón-,  cada vez son menos frecuentes en nuestro entorno. Aquellas réplicas de plástico con pelucas a lo Farrah Fawcett han sido sustituidas por figurines sin rostro o directamente degollados, perchas esquemáticas o incluso -válgame Dios- fotografías. En algún momento de la última década, la moda decidió que la carne era algo prescindible y en consonancia con ello, los maniquíes de toda la vida pasaron a la historia, para quedar relegados a complemento de casa de modernos.

El no-maniquí le ha robado el territorio al maniquí-que, convirtiendo los escaparates en no-lugares, donde todos podemos ser cualquiera. El anonimato le ha ganado la partida al maquillaje estridente y las melenas enfurecidas. ¿Quién quiere ser Farrah Fawcett, pudiendo ser la nada vestida de Zara?

Las fotos son de Juan Carlos Monroy y me dio la pista Yorokobu.

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