AGOSTO DE RESURRECCIÓN

RAMÓN. Antes de que Ramoncín fuera Ramoncín, cantó una canción llamada “Marica de Terciopelo” en Televisión Española. En el vídeo de la actuación, lo vemos luciendo maneras de Bowie y un rombo pintado en el ojo. Algún tiempo después, frente el pelotón de  fusilamiento de los paparazzis, se operaría la nariz y se dedicaría a ser famoso de la mano de Lingo o de la SGAE. Si en los 80 había que ser artista o banquero para convertirse en celebrity, hoy, gracias a Telecinco, sólo hace falta ser tronista. Lo hubiera tenido más fácil este showman en nuestros días.

CARLOS. Me viene a la mente Ramoncín, al ver un vídeo de otro ángel caído encumbrado a los abismos de la fama trash: Charlie Sheen. Convertido en icono de Youtube, el actor suelta discursos con más sentido común del que podría parecer en un primer momento, salpicados –eso sí- de perlas, como cuando declaró ser “bi-winning”, frente a una acusación de bipolaridad. Si Ramoncín un día quiso ser David Bowie, Charlie Sheen quiso ser Tom Cruise, pero pronto se dio cuenta de que era más divertido ser él mismo y ganar, igualmente, mucho dinero.

JOSÉ. Poco a poco, todos nos vamos revelando con los años. Te operas la nariz, convives con dos mujeres. (Limar, añadir.) Te drogas hasta el infinito y más allá. (Depurar, aportar.) El “yo” que siempre fuimos, antes o después, sale a la luz. Si uno tiene suerte, el que siempre quiso ser. Y en algunos casos, aflora el “yo” que uno lleva demasiado tiempo pretendiendo ser, que es lo que pasó al poeta melancólico del fútbol cuando le metió el dedo en el ojo a Tito Vilanova. Esa décima de segundo en la cual Mourinho impulsó su mano para sacar un ojo ajeno marca la delgada línea entre el teatro y el delirio. Como los grandes, llega un día en que Mou se sumerge en su personaje, para no salir jamás, hundiéndose en el corazón de las tinieblas. Sería inspirador, si no fuera porque 100 ultrasures le aplauden a las puertas del Bernabeu.

JAIME. Agosto es un tiempo de cuestionamiento y resurrección. Mudamos la piel, nos cortamos el pelo y empezamos el curso llenos de buenas intenciones. Nos planteamos quiénes queremos ser, sintiéndonos absolutamente capaces de alcanzarlo. Como el “te quiero” que se dice en pleno fervor sexual, nada es más real que las intenciones de cambio de vida pronunciadas al borde de un gin tonic vespertino y agostero. Esperemos que aquello de que “la vida iba en serio”, que decía Gil de Biedma, fuera un arrebato poético sin mucho fundamento.

RAMONCÍN. José Ramón Julio Martínez se observa en el espejo. Su nariz, antaño ganchuda, es ahora finísima, aerodinámica. Con ella podrá volar por los platós de T5 como el ave fénix de Vallecas. Encontrándose a sí mismo, se entrega a la posteridad con un tarjetón en la mano.

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