ORGASMO Y SENSIBILIDAD

SEXO. Bigas Luna consigue romper el letargo estival, para darle un trending topic a la marca KH7. En la era del marketing de 140 caracteres, no se le puede pedir más a una campaña. Elegido por haber rodado algunas de las escenas eróticas más famosas del cine español -entre ellas, el polvo primigenio: el nacimiento de Pe y Ja-, el director catalán se pone manos a la obra para darle, también, un nuevo principio al limpiador de grasa. Lejos queda el gemido aún agudo de la oscarizada Penélope y el perfil cañí del toro de Osborne. El videoclip de Bigas Luna se acerca más a un soft-porn yanki que a sus míticos revolcones patrios. “Venderé mi cuerpo pero no mi alma”, imagino que pensó.

MENTIRAS. El subtexto que late, y nunca mejor dicho, tras el anuncio, es, en mi humilde opinión, el concepto de eficacia. Sea un hombre o un quitagrasas, ambos son productos eficaces, puesto que tienen por misión cumplir los deseos del ama de casa y lo logran con precisión impecable. Ese polvo aquí-te-pillo-aquí-te-mato en la cocina, compatible -¡oh Dios mío!- con el cumplimiento de las labores domésticas, es el súmmum de la utopía. KH7 imagina un mundo mejor y Bigas Luna lo filma.

CINTAS DE VÍDEO. El pecho depilado del actor y el lengüetazo final ejercen sobre mí un implacable poder anti-libido. Esa lengua, acaparando milésimas de metraje, me resulta tan insoportable como ese primer plano del ojo de “Un perro andaluz”. Mucho menos evocador, aunque igual de surrealista, esa lengua, insisto, se graba en mi retina y acompaña estas reflexiones. ¿Volvemos al paradigma clásico del marketing según el cual el sexo vende? ¿Aquel que en su día encarnó de modo inigualable el ya mítico anuncio de Fa? El sexo y la provocación, porque desligado de esta fórmula mágica, aquel no es más que mecánica reproductiva y eso no vende, señora.

JAMÓN. El sexo y la provocación también sirven para censurar y eso es lo que ha pasado con el retrato de Asier Etxeandía, en la exposición “Camerinos”. En pleno proceso de maquillaje, el actor posaba caracterizado como Jesucristo, cuando el fotógrafo Sergio Parra lo captó, desatando esta imagen, la ira de docenas de fieles. Blanca Portillo, directora del Festival de Mérida, se ha visto obligada a retirar la fotografía de la exposición, para evitar herir sensibilidades cristianas. El pecado cometido: un retrato de Jesucristo haciendo las veces de taparrabos. Lástima privar a quien ande por Mérida de la posibilidad de ver a Etxeandía de esta guisa. (De esta y de otras, yo no me lo pierdo. Y si es mezclado con Blanca Portillo, más.) En fin, siempre les quedará verlos en vivo y en directo de la mano de Tomaz Pandur. Trío siempre muy recomendable, por cierto: el que avisa no es traidor.

JAMÓN. A tenor de esta noticia y el anterior trending topic, empiezo a pensar que estamos en pleno retorno al pasado, y no precisamente a Brideshead, si no a un lugar más casposo y aterrador: el subconsciente de José Luis López Vázquez cuando gritaba aquello de “¡Que vienen las suecas!”. Las reacciones que provoca ver un trozo de jamón -desembolsar unos euros, en busca del orgasmo eficaz, o quejarse al grandísimo, en busca del orgasmo censor- resultan sorprendentes en esta época de libertad sexual y madurez democrática. ¿O será que no somos tan libres ni tan maduros? No seré yo quien haga una tesis en un tweet, pero seguro que la catarsis del destape tenía mucho sentido para limpiar de polvo y paja (perdón) años de oscuridad sexual. Que hoy en día, resuenen los mismos ecos me da cierta lástima. En fin. Tendré que escribir docenas de mails a alguien, quejándome de que han herido mi sensibilidad agnóstica.

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