LIBERTAD, IGUALDAD E INDIE-FOLK

DEVENIR. No me gusta Russian Red. Me perdonen la descortesía, pero es una mera aclaración para colocar este post al margen de una aparente defensa de la cantante madrileña. (Aquí, ni defendemos ni atacamos, sólo reflexionamos, contemplativamente, sobre el devenir de la vida. ¿Será esto –¡glups!- de derechas?) Hecho este matiz, y dado que no consigo descargar unas fotos comprometedoras que debían dar lugar a mi siguiente post, voy a entrar en la polémica del día. Del minuto. Del segundo.

DIVINA. Russian Red se declara de derechas en una revista de derechas (para mí, toda revista con mujer marcando pómulo en portada lo es; bueno, excluyendo esta. Oh, my!) y se acaba el mundo. Artistas de todo pelaje, la opinión pública Indie-pop se llevan las manos a la cabeza. No es posible. La chica de los ojos grandes y los outfits cool, la chica de la guitarra lánguida, la divina proporción entre lo comercial y lo alternativo, ya no es una de las nuestras. Cómo se atreve.

DERECHAS. A mí, lo de desacreditar a alguien en virtud de sus opiniones políticas me suena, precisamente, pelín totalitario. ¿Por qué habría de compartir el credo de sus compañeros de camerino? A pesar de que su nombre induzca claramente al equívoco (Rusa y Roja, si es que son ganas de confundir, como apunta el twittero Je Ne Suis Pas), Lourdes sólo quería escribir canciones bonitas. ¿Es eso de derechas, amado Nacho? (Más abajo una perla suya, por cierto.) Me cuesta responder. ¿El gusto por la estética antes que la ética? ¿El orden antes que la justicia? ¿Acaso importa para disfrutar –o no- de sus canciones? Russian Red no es la primera ni será la última cantante, en presumir de su debilidad por el conservadurismo desenfadado de nuestros días. (¿Por qué iba a querer cambiar algo ella, con lo bien que está?) ¿Será ser de derechas la nueva moda, lo más indie entre los indies? Ahí os lo dejo, cool hunters.

DILEMA. Afortunadamente, reitero, a mí nunca me gustó la cantante, con lo cual, puedo sentirme libre de todo dilema moral. Y digo la cantante, y no su música, porque a los artistas se les ama o se les odia como un todo. Son pura metonimia. Indisoluble el autor de su creación. O por lo menos, así lo vivo yo. RR tiene algo de cóctel agitado en frío, con un ajuste exacto de ingredientes seleccionados, lejos, lejísimos, de los golpes de estómago de mis divas favoritas.

REALIDAD. En fin, según dicta el cronómetro en tiempo real de Google, la polémica está muriendo lentamente y pronto dejará su hueco a un nuevo hype del pensamiento. En breve, no recordaremos si Russian Red era de izquieras o de derechas, ni si nosotros mismos lo éramos. Nos disolveremos como lágrimas en la lluvia, luciendo nuestro outfil más cool. Ya lo dice otro de mis muy amados, digno heredero de Raphael y demás folklóricas de este país, Enrique Bunbury, quien considera poco elegante y obsoleto, tanto ser de izquierdas como de derechas: “Ante el Fondo Monetario Internacional, todos somos iguales, o sea la nada.” Ay, Enrique, la igualdad nunca fue tan democrática, pero que no cunda la desesperanza: el mercado siempre nos dará la libertad de no comprar, expresión última y real de nuestro voto más certero.

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