AMAR DUELE

NO-DO. Que Lady Gaga es un producto de marketing no es noticia, si no parte del paisaje, algo así como el NO-DO de nuestra época. Que hable de sí misma en términos de posicionamiento de producto –producto que, por lo menos, ha fabricado ella misma- se convierte así en un gesto de honestidad. Esta virtud vale su peso en GRPs y justifica un modelo que conecta con cualquiera y desconecta con algunos, pero todos, absolutamente todos, se convierten en variables de su ecuación.

TOPIC. Mientras Lady Gaga encarna los principios del marketing, a golpe de coreografía, los revolucionarios toman las plazas. El ágora romana se mezcla con el trending topic y la noticia –esta sí- de que los jóvenes españoles no eran tan pasivos invade los medios. Jóvenes y no tan jóvenes. Españoles y no tan españoles. Resulta que los pasivos eran activos y por obra y gracia de Internet, han salido del armario.

CAMP. Si Lady Gaga, a su pesar, pertenece a las corrientes del marketing clásico -uno hablando a muchos-, la “spanish revolution” acciona la palanca del marketing moderno -muchos hablando a otros tantos-. Disueltas entre el gentío, las ideas nunca fueron tan abstractas y por tanto fieles a su esencia. El manifiesto de los acampados perfila una democracia sexy, rotunda, deseable. Tan voluptuosa resulta, que es fácil que su contorno sinuoso se diluya en virutas de humo. Habrá que echarle el lazo a alguna de esas ideas, a ver si se deja domar. No vaya a ser que en manada, corran más rápido que nosotros.

CAMPS. Mientras unos -más que otros- revolucionan el mundo, en la costa levantina, Francisco Camps mira al futuro, llevando a cabo su particular involución. Mirar al pasado “no aporta valor”, afirma. Cuántos matices en esta frase. Qué buena forma de resumir el espíritu de una época, de toda una civilización. La burbuja especulativa, puro valor de uso del ladrillo, aportaba el idem en forma de segundas residencias y delirios de grandeza. Mirar el pasado sólo puede generar una autocrítica llorona, esa que escinde y pierde elecciones, pero Don Francisco, con sus hechuras de señorito y su legendaria gallardía, se enfrenta a las dudas y las gana, brindando una oreja a su público fiel. Ay, ese target, quién lo tuviera…

JODER. Parece que el marketing evoluciona y la política no tanto. (O sí: depende de si quitas o pones la S.) Lo que está claro es que ahora habla en inglés y tiene 140 caracteres. Y es que, nos guste o no, la política y el marketing siguen viviendo su sempiterno romance, aunque a algunos les cueste entender que las reglas del mercado han cambiado y que su audiencia ya no habla el mismo idioma. En fin, si un número crepuscular del Vanity Fair y unas elecciones municipales hacen esto conmigo, no sé qué será de mí en 2012. Ya dijeron los mayas que iba a ser un año difícil. Yo, por si acaso, me voy pidiendo el derecho a la pataleta y como dice mi amigo Luis, “que me joda quien yo quiera“, que para eso están las urnas. Amar duele, ya sabes.

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