BRUCE LEE CONTRA MÍ

Según National Geographic, todos somos este señor. La persona típica es varón, chino y tiene 28 años. Nuestro álter-ego estadístico me recuerda a esas películas de kung-fu de sobremesa, donde la cutrez y el estilo se mezclan en extraña armonía. Su retrato pixelado es puro desafío y augura un futuro clónico, casi andrógino, inmutable. Siguiendo el proceso de globalización, no sólo nuestras culturas se replicarán hasta el paroxismo, si no que nuestros rostros irán convergiendo hasta la asimilación final. La misma camiseta de Zara nos sentará igual de bien a todos.

En realidad, este señor no existe. Es una reconstrucción por ordenador, en base a miles de fotos de miles de chinos de 28 años. Dentro de algunos siglos (¿años, quizás?), cuando seamos una civilización extinta, algún arqueólogo hará un bosquejo del humano promedio del siglo XXI y saldrá nuestro amigo. Mientras desaparece el mundo, nos enfrentamos a la triste realidad de ser este chino. Como Bruce Lee, nos enfrentamos a miles de dobles, todos con el mismo rostro promedio, entre patadas y puñetazos, luchando por ser únicos, aunque con tanto pie, pierna, mano, ya no sepamos quién es quién. No eres tú, soy yo.

Leí el noticia en el Independent, estando en Londres, cuando no era yo, si no la otra, la que paga las facturas.

PD: con tanta identidad disoluta, me ha salido un post muy Juan José Millás, tanto, que dudo incluso de que no lo haya plagiado.

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