MATAR A LEO BURNETT

En uno de mis paseos matutinos, me choco con este mupi, que me deja atónita, noqueada. El anuncio de Fotocasa emerge de pronto con inusitada violencia. Su tipografía azul sobre fondo blanco estampa en mi retina una frase literal, cuya única concesión al estilo es la palabra “líder” en negrita. Esta absoluta falta de pretensiones se impone a la ironía, la provocación o el preciosismo de otras piezas, destinadas a generar sinapsis en nuestro cerebro y desembolso en nuestros bolsillos. Fotocasa no evoca o sugiere: asevera. Como lejía, elimina todo rastro de suciedad informativa para ir a la médula de la publicidad: la superioridad de su producto. Este minimalismo conceptual es pura revolución, es puro 2001, con los astronautas volviendo al mono y el monolito aterrizando como la losa de nuestra conciencia. Destruirlo todo para re-crear lo básico. Es el Mercadona del anuncio. El cuadro blanco de Malévich.

¿Resulta el genio del creata poco nutritivo para los consumidores actuales, hambrientos de certezas? ¿Estamos ante una nueva era publicitaria, ajena a la emoción? A todos nos llega el momento de matar al padre y está claro que, con esta campaña, los creativos de Fotocasa han decidido matar a Leo Burnett. El rey ha muerto, ¡viva el rey!

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