EL TRIUNFO DEL FRACASO

HUMOR. Si, como asegura Jordi Costa, el origen del humor radica en el fracaso, podríamos decir que la emisión de Gran Hermano-24 horas en el canal antiguamente conocido como CNN+ es para partirse de risa. Este gesto de los programadores de Telecinco muestra un fracaso estrepitoso de la razón, activando el mecanismo de la comedia. Del mismo modo en que Buster Keaton luchaba, sin éxito, contra el equilibrio, o que David Brent, en “The office”, recibía sus chistes con un silencio glacial, cambiamos la entrevista por el edredoning, mientras de fondo, suenan risas enlatadas.

AMOR. En el anuncio que ilustra la integración de Cuatro en el grupo Telecinco, una extraña familia da la bienvenida a un muchacho desorientado. El adosado de rigor y el dinamismo de la animación tiene por objetivo evocar esa cotidianeidad impostada de las telecomedias, que coloniza nuestro subconsciente desde “I love Lucy”. La canción “I just called to say I love you”, del -por cierto- ya también caricaturizado Stevie Wonder, transmite un mensaje claro: Telecinco ama a Cuatro. La familia crece. Los ecos de sitcom retumban en el spot y nos sumergen en una realidad ficticia y buenrollista, en la que, sí o sí, hemos de reír.

DESAMOR. Desde luego, a Telecinco no le falta sentido del humor (y del negro) cuando remplaza a Gabilondo y Rubalcaba por Rubén y Chari. Corren malos tiempos para la lírica periodística y uno de sus estandartes más emblemáticos, Gabilondo, nos lo vuelve a recordar con su recurrente romance fallido con la televisión. Los hados catódicos están empeñados en que esta comedia romántica acabe mal y prefieren los gritos y susurros no precisamente bergmanianos de los concursantes de GH a los análisis en profundidad. Ya se sabe que la cadencia de Iñaki nunca fue lo bastante estruendosa para las ondas herzianas. Peor para ellas, en fin.

NADA. Como diría otro gran maestro del humor, Benedicto XVI, el canal GH-24 “no es un lugar en el espacio, si no un fuego interior”, como el purgatorio. Un estado de bucle perpetuo, en el que no pasa nada. Pero no es esa “nada” que Seinfeld y compañía proponían como argumento de una serie a ejecutivos de la NBC, en un mítico capítulo, ni la “nada” que luego llevaría a la pantalla, genialmente, uno de sus creadores, Larry David. Es una nada larga, viscosa, poco metafísica y bastante literal. Volviendo a BXVI: “el infierno existe y es eterno”.

GRACIAS. En medio de tanta tragedia (+ tiempo), no tenemos más remedio que ponernos serios y buscar algo de luz en esta noche oscura. A mí me ilumina, cada idem, la genial serie “Modern Family”. De nuevo, sus personajes fracasan (en querer ser un padre colega, en querer ser un caballero con once años y sobrepeso…), provocando la carcajada desde todos los palos del humor (físico, absurdo, irónico…). Una auténtica gozada que eleva el género del mockumentary a las altísimas cotas de “The office”. Para morirse de risa, y sin pasar por el purgatorio. De nada.

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