FANTASÍA DE AÑO NUEVO

PUTO KANYE WEST. Profiere el padre de la criatura (de ahora en adelante EPDLC) en las primeras horas del 2011. “My beautiful dark twisted fantasy” es ensalzada por propios y ajenos –o sea: Rock de Lux y Pitchork– como el mejor disco del 2010. Un sondeo rápido por la red reitera esta opinión, prolija en el calificativo “obra maestra”. Hasta los popes más indies del indie se rinden a los pies del rapero. Como ellos no pueden estar equivocados, corro a la Fnac a comprar el CD, en un gesto quijotesco de consumo a la vieja usanza.

THE BEST. Dice Kanye West que es el mejor. Sin ambages ni paliativos. “Cuando digo que soy el mejor es que soy el mejor.” Esta seguridad a prueba de críticos ceñudos resulta reconfortante. En los albores de un temible 2011, el cantante de Atlanta se muestra ajeno al desconcierto que nos gobierna y prosigue su cruzada por la inmortalidad, afirmando, rotundo, su derecho a figurar en los libros de historia.

BLING-BLING. Si en 2009 arranqué el año bailando un vals con un presidente Obama atormentado por su tabaquismo, como esos superhéroes sombríos que pueblan nuestras pantallas desde hace unos años, en 2011 me arranco por bulerías hip-hop, luciendo mi mejor sonrisa bling-bling. Entremedias, un bailoteo en el Sol y una crisis que se ha convertido en el convidado de piedra de nuestras sobremesas, de la mano de telediarios, prensa y demás ecos del mundanal ruido. Entre tanta desorientación, los popes más indies etcétera descubren de repente que la gran esperanza blanca volvía a ser negra y, para sopresa suya, no desentona nada en la MTV. Kanye West había creado el disco que todos esperábamos: rico, sabroso, fácilmente digerible. De puro mainstream se vuelve alternativo, en un maridaje conceptual que nos tiene ya habituados a casar extremos aparentemente opuestos (véase: nerd y cool o marginal y multiventas, entre otros). Kanye West es como esa novia que todos querríamos llevar a la comida de Acción de Gracias -sí, algún día la acabaremos celebrando-, porque sabemos, a ciencia cierta, que le va a gustar a todo el mundo.

THANKSGIVING. Intuyo que tras este encumbramiento colectivo se esconde un deseo profundo de alivio y cohesión. Cansados de luchar, nos abandonamos al enemigo. ¿Por qué no ver la MTV? ¿Por qué no silbar una melodía pegadiza? ¿Por qué no comprar esos vaqueros? Los héroes sombríos no nos han sabido sacar de esta crisis. Su humanidad, antes compleja y sexy, es ahora débil y falible. Que vuelvan los superhéroes con capa y pectorales, 100% americanos, como los sueños. Ya lo dice ÉL: “¿Creerías en lo que crees si fueses el único que lo creyera?” Démosle las gracias por permitirnos estar de acuerdo en algo, por sentirnos unidos ante la evidencia de que si un disco vende miles de copias es por alguna razón.

AMÉN. El disco está bien. Lo escucho varias veces. Me gusta. Mi bella, oscura y retorcida fantasía de ser una más reverbera en los altavoces de la cadena. EPDLC insinúa que podría gustarle una canción. Juntemos nuestras manos, hermanos, en esta comunión del gusto. Si nos mantenemos unidos, quizás veamos la luz. O simplemente, y mientras esta llega, movamos nuestras caderas. Eso siempre ha sido un valor seguro, que ya recetaba Burning en 1979. (Por cierto, Kanye, nos vemos de aquí 30 años.) En fin, amigos, lectores, merodeadores diversos, que cada cual se busque su particular fantasma de la navidad, que como Mr. Scrooge, le enseñe cómo podría ser la vida. O lo que es mejor, enseñádselo vosotros a él. Os deseo un feliz 2011 y al menos, un poquito de Rock&Roll.

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