LA ÚLTIMA CENA

Zapatero invita a La Moncloa a los 39 empresarios más poderosos del país y los sienta a su vera en el salón de Tapices.  A la derecha del señor, Rubalcaba, la gran esperanza blanca del actual gobierno; a la izquierda, Salgado, la mano que mece la cuna económica. Botín y Alierta flanquean a los vicepresidentes, evocando las dos grandes fuerzas que rigen nuestro bolsillo: la telefonía y la banca, como si sólo de móviles y créditos viviera el hombre, ahora que el ladrillo ha muerto. El fondo es azul, el color de  la serenidad y el orden, destinado -supongo- a atenuar las pulsiones reivindicativas del rojo socialista.

La imagen exuda solemnidad y me trae a la cabeza “La última cena” de Leonardo Da Vinci. Los empresarios serían así los nuevos apóstoles de ZP, destinados a expandir la creencia de que el gobierno está al lado de la patronal, reconocida al fin como aliada indispensable para salir de la crisis. (Es la economía, estúpido, parece rezar la trinidad socialista.) Si, como leo, la obra de Da Vinci tiene ecos de “El banquete” de Platón, ¿se quedará también este romance entre ZP y los empresarios en un amor meramente platónico? ¿O sentará las bases -¡ojalá!- para recuperar al menos parte de la confianza perdida en la economía española? En fin, yo sólo sé que en la última cena se instituyó el rito de la eucaristía, aquello del sacrificio del cuerpo y la sangre de Jesucristo, ergo de Z…

Pues eso, bon appétit, capitalismo.

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