ELEMENTAL, QUERIDO FREUD

Descubro en uno de mis paseos matutinos a este trío de maniquíes en un sex shop del Eixample. Con una capacidad de síntesis digna de elogio, personifican los prototipos clásicos de la fantasía masculina: la criada, la enfermera y la diablesa. La dulce santa, la madre y la puta. Parece que en el origen de estos apetitos, late la relación con las normas. ¿Qué buscamos: a quién se somete a ellas, a quién las crea o a quién las rompe? (A menudo, al que resulte ser nuestro contrario.) Entre el yo, el superyó y el ello, nos lo guisamos y nos lo comemos, por cortesía de Freud. Mis amigos del Blue Star lo  saben y por eso simplifican su oferta con tres maniquíes tamaño natural, que prometen un paraíso para el subconsciente. Eso sí, nada de fantasías audaces o imaginativas, que superen el paradigma del good-old-porn y su santísima trinidad machista. (Que para vanguardias ya están los museos y para poetas, el alcalde de Valladolid.)

Por cierto, es curioso el hecho de que los maniquíes de sex shop suelan ser hiperrealistas, mientras que los de las tiendas de ropa se diluyen en formas abstractas, etéreas, a veces incluso, descabezadas. ¿Será porque el consumidor de moda se busca a sí mismo en los escaparates, y el de sexo, al otro? Un otro tangible, carnal y humano. Para quererte mejor.

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