COCA-COLA NADA

SIN. Coca-Cola lanza al mercado Coca-Cola Zero Sin. La negación de la negación. Sin azúcares, ni cafeína, destila la esencia del refresco, para dejarlo reducido a su mínima expresión. Buscando cubrir todos los segmentos del mercado, los ejecutivos de la multinacional idean cualquier permutación posible: ingredientes, variedad, tamaños, envases, formatos… Como en un Kamasutra del marketing, ninguna combinación será desestimada, con tal de satisfacer nuestros afectos consumistas.

NADA. Si ya podemos disfrutar de una Coca-cola sin azúcar ni cafeína, ¿por qué no habríamos de esperar una sin burbujas ni color? Quizás incluso sin sustancia. Una lata vacía, liberándonos de toda necesidad de consumir y vendiéndonos lo que en realidad nos gusta de ella: la marca. Atesoraríamos su imagen, a la Warhol, como un icono, embriagándonos de sus valores para sentirnos vivos y felices. Sin nada que llevarnos a la boca, podríamos prescindir, al fin, de las calorías. Incluso de las 0,7 que contiene una lata de Zero y que, aunque apenas seamos conscientes, nos llenan de pesadumbre cuando se infiltran en nuestros cuerpos esbeltos…

DIOS. Parece que Stephen Hawking le da la razón a Coca-Cola. En su último libro, “The grand design”, afirma que “el universo pudo crearse a sí mismo –y de hecho lo hizo- de la nada”. La nada está en el origen del todo y el camino de la iluminación pasa por abandonarnos a su dulce (¡e hipocalórica!) evidencia. El científico británico niega así la necesidad “de invocar a Dios” para que haya cosmos, que es una manera fina de decir que Dios no existe. Pero el marketing, definitivamente, sí, ya que según sus palabras “la creación espontánea es la razón para que exista algo”. Creación espontánea a mí me suena a creativos publicitarios a altas horas de la madrugada, bebiendo y fumando y encestando briefings en una canasta de juguete. Que, en el fondo, bien podría ser la imagen de Dios en los albores de los tiempos. Qué lío. En fin, por algo el Sr. Hawking tuvo una cátedra en Cambridge y yo aún estoy en el huevo o la gallina.

WORLD. El universo se nos queda grande, pero el World of Coca-Cola está a la vuelta de la esquina, en Atlanta, y si quieres comprar en su tienda, ni siquiera tienes que adquirir ticket de entrada. Objetos vintage, procesos industriales, películas 3D, responsabilidad social… Todas las coordenadas del entretenimiento contemporáneo están contenidas en el parque. Si Disney World fue la consecución del mundo perfecto según el viejo tío Walt, quien quiso salvaguardar en él todas sus aspiraciones, limpias al fin de la corrupción de lo real, el World of Coca-Cola condensa de un modo parecido el espíritu del consumismo, abriéndonos sus entrañas, para comernos mejor.

IMPLO. El día en que lancen la Coca-Cola Nada, se harán colas en los supermercados. Podremos al fin adquirir una dosis de concepto puro y duro, perfecta para cualquier régimen (político o de adelgazamiento), sin la obligación de ingerir, vestir o practicar. Y cuando el mundo entero, lenta pero inexorablemente, se convierta en un parque temático de sí mismo, no te quiero ni decir. Implota-implótame-impló-implota-implótamel-corazón.

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