NIQAB O CANCÁN

NIQAB. Desde 2006, Princess Hijab se dedica a cubrir con un niqab negro, a las modelos en los anuncios del metro parisino. La artista declara que su obra no es religiosa y que, de hecho, el velo es un símbolo polifacético, presente, entre otros, en cuentos de hadas o en manifestaciones del luto, con un profundo arraigo tanto en la cultura oriental como en la occidental. Si bien el niqab busca el anonimato de su portadora, haciéndola desaparecer frente a las miradas ajenas, el debate actual sobre su legitimidad no hace si no ponerlas de relieve. Alimentada por esta paradoja, Princess Hijab tiñe de negro a las sexys modelos de Armani o Versace para volverlas, de pronto, más visibles que nunca en el paisaje hipersexual que nos rodea.

TAXI. Feminista o machista. Defensora del Islam o su atacante. Extremista religiosa o post-materialista. Interpretaciones contradictorias rodean el trabajo de esta artista y nadie parece tener la clave de sus intenciones. Enfundada ella misma en su capucha, responde con ironía: “mi trabajo apoya a los extremistas de la derecha, tanto como Taxi Driver apoyaba a los taxistas”. Quizás lo más refrescante de Princess Hijab sea su negativa a ser catalogada, su capacidad para hacer preguntas y la diversidad de opiniones que genera, como si hiciera estallar nuestra conciencia bienpensante en pedazos.

TANGA. En cuanto a si el velo es un símbolo de sumisión, destinado a ser erradicado de nuestras progresistas calles, francamente, opino que algunos tangas imponen una esclavitud mucho menos confortable. Mientras la decisión de llevar una u otra prenda sean tomadas libremente, ¿por qué deberíamos condenarla? Está claro que la libertad es una materia delicada, gaseosa, y que cualquier decisión está moldeada, no sólo por nuestro criterio incólume, si no por condicionantes externos, que para algo existe la cultura. Familia, televisión, Internet… Quien se sienta libre de ataduras, que tire la primera piedra. Respecto a si tiene más derecho el Vogue o el imán de dictar nuestros gustos estéticos, ahí ya lo dejo a gusto del consumidor.

MAQUILLAJE. En cualquier caso, que nadie se preocupe. Hace poco leí en El País que el gasto en maquillaje se había multiplicado entre las mujeres musulmanas. Al exponer sólo su rostro al mundo exterior, este cobra más importancia que nunca. De ahí que en muchos países de mayoría musulmana, la compra de productos de estética esté en auge. En eso podemos estar tranquilos, al fin y al cabo todas seguimos aspirando a lo mismo: a ser beauty queens.

PRINCESAS. En una de sus obras callejeras, Princess Hijab retrata a la Bella de Disney cubierta de negro, bailando junto a su Bestia-príncipe azul, rodeados de esas luces incandescentes que sólo el viejo tío Walt podría imaginar. Ya sea bajo el niqab o bajo el cancán, el happy end está asegurado. Eso sí, habrá que hacer el test Bechdel (inspirada por la autora de la maravillosa “Fun Home“) a “La bella y la bestia” de Walt Disney.

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