CONDONES PEQUEÑOS, BEBÉS GIGANTES

BIGGER. La mascota del pabellón español en la Exposición Universal de Shanghai es un bebé de unos 6,5 metros de alto. Bigger than life, Miguelín evoca la veneración que las culturas china y española sienten por los pequeños, según Isabel Coixet, madre de la criatura; amor que en China se convierte en auténtica glorificación, debido a la política del hijo único. “Los chinos se pelearán por hacerse la foto con Miguelín” dice su creadora. Imagino hordas de ciudadanos de Shangai en violenta trifulca, luchando por hacerse hueco entre las piernas rollizas del retoño español.

SMALLER. Mientras en China los bebés se vuelven gigantes, en Suiza los condones se vuelven pequeños. El principal fabricante de preservativos del país, Lamprecht AG, lanza al mercado los nuevos Ceylor Hot Shot. Destinados a un público de entre 12 y 14 años, surgen a raíz de una investigación federal que detecta que “los menores de esta edad no están lo suficientemente protegidos cuando mantienen relaciones con preservativos para adultos”. Y es que las ideas son siempre más rápidas que los hechos: frente al exaltado deseo juvenil suizo, unos genitales aún en formación se anclan en medidas del pasado. El tira y afloja de la evolución empieza así.

HOT. Lamprecht AG tiene el detalle de no llamar a su lanzamiento “XS”. Recurso fácil y poco imaginativo, hubiera mermado la ya de por si frágil autoestima adolescente. Elige, al contrario, la expresión inglesa “Hot shot”: una “very important person”, un triunfador que consigue resultados extraordinarios. No sólo sus usuarios se sentirán orgullosos de su hazaña, si no que la firma captará seguro a nuevos consumidores, ansiosos de unirse a esta élite precoz. Sesgada como estoy por la cultura de masas, no puedo evitar ver un guiño irónico y entrañable a “Hot Shots”, parodia gamberra de las películas de acción en la que un musculoso Charlie Sheen destruye todos los mitos de la testosterona hollywoodiense.

KITSCH. Mientras tanto, en Shanghai, otros iconos acompañan a Miguelín en el área recreada por Isabel Coixet. El cartel del Tío Pepe en la Puerta del Sol de Madrid, el mítico caldo Gallina Blanca o los veraneantes en la playa de Benidorm son algunos de estos compañeros de viaje, cuyo fin no es otro que sintetizar la cultura española. Sin duda, hay aquí un dulce abandono a lo kitsch, una entrega a la estampa tradicional, sublimada con altísima sofisticación por el propio pabellón, apodado con cariño “el cesto”.

LOST. Si los púberes suizos follan a la sombra de Martin Sheen y los chinos descubren España al son de su pandereta, ¿será que estamos en la cultura de caricatura? En una sociedad que demoniza la complejidad por poco rentable, sólo la simplificación nos hará libres. Según la Real Academia, “caricatura” es tanto un dibujo satírico, como “una obra que no alcanza ser aquello que pretende”. Pues eso: a ver si de tanto simplificarnos, al final nos perdemos por el camino.

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