EL MAL

MAL. Si Dios está en las pequeñas cosas, el Mal está en algunas canciones.  Después de ser sometidos durante meses al suplicio inmisericorde por parte de emisoras de radio o presentadores de eventos, puedo afirmar que cuando oigo el hit de Black Eyed Peas, me recorre un escalofrío muy próximo a lo que debe de sentir el suicida ante el abismo final. Como en las películas, no mencionaré el título de la canción para que su eco aterrador no me atruene de golpe.

GOD. Investigando sobre este fenómeno, encuentro un vídeo espeluznante. En él, Oprah Winfrey es agasajada por el grupo en cuestión quien, en directo desde Chicago y junto a ella, interpretan el tema ante una multitud para celebrar el estreno de la nueva temporada de su programa. Al ritmo monocorde de la canción, unos –aparentemente- espontáneos de las primeras filas se arrancan a bailar, interpretando una coreografía que pronto contagia al resto del público. En una marea de entusiasmo, brazos y piernas se agitan al unísono, replicando el milagro de los panes y los peces, versión Mira Quién Baila. Ophra, conmocionada, responde al auditorio con “Oh my god(s)” guturales.

HITLER. Al ver esto, no puedo evitar pensar en las masas enfebrecidas por las arengas hitlerianas. Sé que el problema lo tengo yo (alguna sinapsis enfermiza de mi cerebro) y no la sana juventud de Chicago, pero la sombra de Goebbels se me antoja alargada en este vídeo de youtube. Si acudimos, de hecho, a los 11 principios que fundamentan la propaganda moderna, atribuidos al político nazi, muchos de ellos encajan a la perfección con esta manifestación mediática y la canción que la origina: principio de simplificación (adoptar una única idea e individualizar al adversario como un solo enemigo: potencialmente todos los siesos que no compartan el credo expansivo y unívoco de su letra); principio de orquestación (repetir un número limitado de ideas, incansablemente, como el mantra “tonight’s gonna be a good good night”, reforzado por la reiteración machacona del “good”); o de transfusión (basarse en sustratos preexistentes, de modo a conectar con actitudes primitivas: el depredador y adrenalítico “go out and smash it” / “let’s do it and live it up”). Y así hasta 11.

HERENCIA. Si Black Eyed Peas recogen la herencia de Goebbels y este es el padre del marketing moderno, ¿será que esta canción diabólica oculta un complot cuyo objetivo es anular nuestra individualidad, para crear una identidad única consumista? El mal puede adquirir formas imprevisibles.

FE. Dice la Wikipedia que la propaganda nació con la curia romana con el objetivo de difundir sus mensajes religiosos. En el siglo XX, habría abandonado su cariz espiritual para convertirse en herramienta de la política –otra forma de creencia-. Cuando miles de personas ejecutan un flashmob sólo para ver rugir a Oprah de gozo, se produce una gran muestra de fe. Eso sí, a mí que no me busquen para comulgar, que estaré refugiada en mi amedrentado ateísmo, intentando evitar los cantos de sirena de Los 40 Principales.

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