RESPETO PARA EL NERD

NERD. Leo en el blog de PTQK un post sobre los “Nerds de pacotilla” que me resulta de lo más inspirador. En él, se despotrica sobre esta moda, ya no tan reciente, de vestir con el look de aquel empollón marginal que despreciábamos en nuestra adolescencia. Ese síntoma de modernidad, que consiste en lucir lo cutre como bandera, arrasa calles, anuncios y revistas, dictando un glamour feísta, de gafapasta y camisetas.

MUSOS. Sin ir más lejos, en su número de Abril, Marie Claire muestra una galería de “cool nerds” a los que califica como “nuestros chicos favoritos”. El ubicuo Jon Kortajarena, el infalible Robert Pattinson o nombres ajenos para mí (que subrayan –¡ay!- mi edad avanzada) como Matthew Gray Gubler ¿?, son algunos de sus musos. Cuando las tendencias llegan a las páginas profilácticas de las revistas de moda, es que ya no podemos resistirnos a su invasión.

POROS. Estos nerds de pacotilla se alimentan a los pechos de un feísmo más universal que lleva marcando, impunemente, la estética de los últimos años. Desde que Terry Richardson reina (hasta en nuestros sueños húmedos), nos hemos acostumbrado a ver poros dilatados, modelos descoyuntadas o atrezzos caóticos. El fin del mundo es cool y está mal iluminado. Vice, una de las biblias de la sordidez fashion, sitúa en Lloret de Mar su último reportaje de moda, emulando a los atletas de alcohol que viajan desde el Reino Unido, a vomitar divisas y sustancias menos atractivas en la localidad vecina.

TRAGEDIA. Kate Moss cerró el siglo XX enferma de Heroine Chic y desde entonces parece que no nos hemos recuperado. A pesar de escarceos periódicos con tendencias más benevolentes, la moda más actual, la que late en el pulso nervioso de nuestros trend-setters, sigue fiel al look de domingo de resaca. Quizás porque el siglo ha empezado con vómitos de tragedia, porque la crisis nos ha puesto la pierna encima y no levantamos cabeza, proyectamos este malestar interior en nuestra apariencia, ensalzando el abandono. Dejados al margen por un siglo difuso, amenazado e incierto, los cachorros fashion se marginalizan para sentirse integrados.

ELECCIÓN. Pero no os confundáis, amigos, para ser cool, hay que ir feo, pero ser guapo. El feísmo es probablemente una de las tendencias menos democráticas que hay, ya que sólo favorece a efebos imberbes, esbeltas doncellas y a los elegidos para la gloria urbana en general. Los que siempre fuimos un poco nerds, sabemos el esfuerzo que exigía no parecerlo y cómo buscábamos, rabiosamente, engancharnos al carro de la belleza adolescente en los 80. ¿Qué queréis que os diga? A mí el feísmo me cansa. Siempre he sido defensora de un glamour clásico, porque es un territorio libre en el que cualquiera puede ser lo que desea, con una simple caída de pestañas. A partir de aquí, que cada cual elija: chándal o tacón, que lo bueno de las modas es que están para saltárselas.

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