PRINCIPIO Y FIN: MI IDAHO PRIVADO

Hoy en Principio y Fin, recupero una de las películas que marcaron mi tierna adolescencia: “My own private Idaho” de Gus Van Sant. Una historia de bellos marginales, que sobre el trasfondo de la narcolepsia, narra una historia de amor y amistad, de honor y trahición, con ecos shakespearianos (bastante explícitos de hecho). River Phoenix y Keanu Reeves empezaban entonces a ser quienes son y de la mano de Van Sant, rompían su molde de producto para fans, para encarnarse en sendos chaperos, de orígenes distintos aunque presente igualmente sórdido. En este arranque poético, en el que Mike Waters (interpretado por Phoenix) a punto de correrse, sólo sueña con salmones regresando a su lugar de nacimiento, el director de Kentucky nos habla del sueño americano, traducido en campos desolados y carreteras infinitas. Un vasto horizonte, que se ofrece a ser conquistado y desorienta a partes iguales. Esta visión de la América más profunda e icónica es probablemente uno de los ejes de su filmografía. Desde su reinvindicativo Harvey Milk, hasta el psicópata de instituto, todos los personajes de Van Sant son emblemas de lo americano. No hay más que ver el hogar de Mike Waters volar por los aires, al comienzo de la película, como la casita de Dorothy en pleno huracán del Mago de Oz.

En fin, una pequeña gozada, que me retrotrae a mis sueños húmedos (y románticos) juveniles, entre los cuales siempre figurará ese “I love you and you don’t pay me“, declarado por un River Phoenix más vulnerable que nunca. Disfruten.

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