DOSIS DE VIDA

HONESTIDAD. Hace un par de meses, Massive Attack estrenó el vídeo de su nuevo single, “Paradise Circus”. (No dejéis de verlo aquí.) En él, Georgina Spelvin -actriz, editora, mito del porno- nos habla acerca del amor por la cámara y el sexo, mientras vemos imágenes de algunas de sus películas. Me impacta su honestidad, su mirada transparente y esa elegancia con la que luce las arrugas, especialmente cuando se trata de una persona que ha vivido, en sus propias palabras, del comercio de la piel.

ENTREGA. Buceando en la red, descubro que a sus 72 años mantiene un blog sobre libros, sexo, amistad, entre otras muchas cosas, y que derrocha una vitalidad envidiable. En el vídeo, me enamora la expresividad de la actriz, su deleite y en general, ese halo de fantasía que destilan las escenas. Hay historias, tensión, emociones fuertes. En esta época del porno duro, anatómico, casi científico, que suministra Internet, la actuación de Georgina Spelvin nos traslada a otra dimensión, con la maravillosa compañía de Hope Sandoval y la magnéticas melodía de los de Bristol.

SUAVIDAD. El viernes pasado leí un artículo sobre el Roman Porn japonés, porno suave que en los 70 conjugaba el romance y el erotismo, narrando los juegos de pícaras amas de casa niponas. Parece ser que el género se está revitalizando. Yoshinori Chiba, uno de sus productores, dice que “a los jóvenes que sólo disponen del porno duro de Internet les resultará algo nuevo”. Un menos es más de la carne. Ese movimiento pendular hacia la suavidad me tranquiliza, ya que el quién-da-más cibernético plantea la inquietante pregunta de qué será lo próximo en las pantallas de nuestros ordenadores. Como dice Georgina, “nosotros somos nuestros propios demonios” y la imaginación siempre plantea límites bastante difusos.

ANGUSTIA. El argumento de “The devil in Miss Jones”, el clásico interpretado por GS, reproducido en el vídeo de Massive Attack, es una auténtica novela en torno a la culpa, el placer y el horror. Ese final en el que ella, absorbida por la lujuria y recluida en un limbo asexual, grita desesperadamente al darse cuenta de que jamás volverá a alcanzar el clímax, me parece un momento de expresionismo abstracto puro.

GOZO. Cuando más escucho la canción, más me engancha. Alguna vez he oído que la música de Massive Attack es ideal para practicar sexo. En ese caso, Georgina Spelvin es desde luego la embajadora perfecta y con su implacable lucidez, nos arroja una dosis de vida en estado puro. Que -digo yo- es lo que debería ser el sexo.

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