LA HERENCIA DE HARRYHAUSEN

MONSTRUOS. Hace algunos días se clausuró la exposición  sobre Ray Harryhausen en la fundación Luis Seoane de La Coruña. En ella, se rinde tributo a la obra de este artista que, fascinado en su infancia por los entresijos de King Kong, acabaría dando vida a sus propios monstruos. Los esqueletos de “Jasón y los Argonautas”, las bestias de “Furia de titanes” o el cíclope de “Simbad el marino” son algunas de sus creaciones más emblemáticas, auténticos hitos que despertaron una nueva forma de terror, visual y panorámico, como los sueños de aquella época.

TERROR. Inspirándose en la mitología o en la tradición de las Mil y una Noches, los monstruos de  Harryhausen beben de fuentes literarias y ponen la estética al servicio de la historia. Vistos hoy en día, ahora que el terror se ha vuelto psicológico o visceral (en el sentido más literal de la palabra), y siempre oscuro, la profusión colorista de Harryhaussen parece un derroche gratuito de imaginación. Frente a los vampiros de “Crepúsculo” que apenas lucen colmillo y sí  mucho spleen,  los esqueletos de RH son una orgía lúdica, fallera, que nos invita al disfrute cortapisas.

FRIKIS. Mientras que los héroes (o villanos) del terror contemporáneo son puro minimalismo  Slimane, otros monstruos nos rondan desde hace años y acechan nuestros hogares. Crecidos al calor de un nuevo concepto –el frikismo-, enarbolan la bandera del beneplácito popular y viven un auténtico destape en el que no saber hacer nada es todo un arte. La princesa del pueblo, Belén Esteban, junto con su Sancho Panza particular, Jorge Javier, son los reyes freaks por antonomasia y llevan el horror -ese grito ahogado que aullaba “El corazón de las tinieblas”- a nuestro aletargado inconsciente a través de las ondas herzianas.

HORROR. La musa de Telecinco, que meses atrás inspiró nuestra vena más lírica, a falta de un modisto que la vistiera de boda, nos despierta ahora un temor profundo con su cambio de identidad. Emulando a Barbie, como ya lo hiciera otra princesa de España, Esteban luce ahora nuevo rostro: bello en un primer vistazo pero deformado e inquietante tras un análisis más exhaustivo. Tras esta metamorfosis, Esteban entra en la galería de los horrores (quirúrgicos) por derecho propio y se une a divas como Donatella Versace o nuestra querida Duquesa. Si sus ojeras maltrechas y su aire arrabalero le conferían una poesía rara en el reino de la silicona, su nueva apariencia, ahora sí monstruosa, la normaliza en ese universo de la falsedad en el que habita.

OSCURIDAD. A raíz de la exposición de Harryhausen, Asier Mensuro, comisario de la exposición, cita a Alberto Ruiz de Samaniego, para decir que “el auténtico monstruo es aquel, que como Dios, no podemos ver”. Limitado por el contorno de nuestros temores, los monstruos que sí percibimos están entre nosotros y se dibujan en el reverso de nuestra propia silueta. Belén Esteban, monstruo encumbrado por nuestro nihilismo, es como la rana convertida en princesa porque un día la besamos. En ese beso se esconde la atracción por lo oscuro, lo informe, la negación de todo lo que predicamos. Algo que Harryhaussen supo teñir de fantasía dejándonos un maravilloso legado.

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