DECONSTRUYENDO A OBAMA

Desde hace algunos días, Obama preside la concurrida Times Square, haciendo publicidad. Convertido en modelo involuntario de una marca de chaquetas, desafía al frío, mirando al infinito con esa elegancia cadenciosa que despierta un amor reverencial en todo el planeta. El fondo brumoso y el aura solemne me recuerdan a esos cuadros de batallas del siglo XIX en los que un telón de pólvora difumina la imagen, con un pronto teatral. El nombre de la marca, Weatherproof, significa “resistente al clima” y esa tozudez de no ceder frente a las inclemencias necesita, claramente, un héroe que esté a la altura de esas ambiciones. Desde que accedió a la presidencia, Obama dejó de ser una persona para convertirse en un icono, en un logo, en un sentimiento incluso.

Si tras la iniciativa de Weatherproof, todas las marcas consumidas por Obama emprendieran una misma estrategia de marketing, asistiríamos a una especie de pixelación absoluta de su imagen. El héroe del mundo libre quedaría cubierto por una nube de etiquetas tocadas por la mano sagrada del líder y así entenderíamos de qué está hecho realmente. Sabríamos al fin qué cereales desayuna, qué libros lee, con qué papel higiénico se limpia, si prefiere crucigramas o sudokus… Asistiríamos a la revelación divina del camino consumista hacia la perfección.

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