YIN, YANG, ZOMBIES Y BRINDIS

YIN. Hace unos días, leí en la misma página del periódico dos noticias antitéticas: la cruzada de Monseñor Rouco Varela por la recuperación de los (sus) valores católicos y la aprobación del matrimonio homosexual en México. Esta poesía del azar me hace pensar, como leía ayer en el cómic “Martin Mystère, Hombre de Negro” que el yin y el yang es sin duda la materia de la que está hecha el universo. Los gays de DF no podrían casarse si en otro lugar del planeta, un señor con gafas ahumadas y vestido largo no arengara a las masas con aires de folklórica.

SOTANAS. Encuentro particularmente perverso que Mr. Rouco se adueñe de la palabra “Familia” como si fuera más suya que mía. Ya lo dicen los sabios del marketing, ponle un nombre a algo y hazlo tuyo. Algo así como cuando Danone rebautizó a las natillas, Danoninos. Atacada por los flancos salvajes del aborto, el divorcio y el matrimonio homosexual, la “familia” ya no es la unión de varias personas que conviven y a pesar de ello, se quieren, si no un animal herido, avasallado por los jinetes del apocalipsis petardo. (Por cierto: mi ordenador no reconoce la palabra “Apocalipsis” si no la pones con mayúscula, ni la palabra “Tetas” la pongas como la pongas. ¿Llevará él también sotana?)

SOMBRA. En algo estoy de acuerdo con Mr. Rouco y es en calificar el panorama de “oscuro y desolador” cuando veo estas cosas. A punto de cerrar la primera década del siglo y nos sumergen las tinieblas de la incertidumbre. La crisis ha puesto el miedo de moda, los mileuristas se han vuelto privilegiados, los aeropuertos amenazan con controles cada vez más surrealistas. Ahora vamos a ser escaneados hasta lo más recóndito del michelín, para asegurar que no guardamos armas bajo las enaguas. El escáner, además, no sólo desnuda si no que subraya las zonas entradas en carnes con un juego de claroscuros digno de Caravaggio. Claramente, el combate del siglo será el de la intimidad contra la seguridad. Damas y caballeros, compren sus entradas.

TERROR. No me extraña que el género de terror atraviese una edad de oro. Si Harry Potter puso de moda lo esotérico entre la chavalería, los teenagers supuran hormonas ante los guapos lánguidos de Crepúsculo. No obstante, tras este glamour de colmillo reluciente, son los zombis quienes se llevan el gato al agua este 2009. Con su andar macilento y descerebrado, simbolizan una decadencia nada glamourosa y lucen una energía primitiva, cuya única meta es pillar cacho. De nuevo, el azar nos regala la metáfora de una sociedad que privada del falso oropel, ahora sólo presume de podredumbre y hambre. Mucho hambre.

YANG. Pero volviendo a Martyn Mistère y a su maestro Kut Humi, nada se define sin su contrario. Muchos miedos han acechado este año, pero en el fondo el temor es la semilla de la acción y sin él, probablemente, no estaríamos vivos. Mientras sigamos rebelándonos contra a la oscuridad que nos rodea, aunque sea a costa de llevarnos algún susto, estaremos sembrando algo nuevo. La Nochevieja pasada, me prometí ser un poquito más libre y como símbolo de esta actitud, estrené año meando en la calle cual perra vagabunda. Sé que como transgresión dista de ser potente, pero me quedé muy a gusto. Queridos amigos, lectores, merodeadores diversos, con una copa en la mano, os invito a brindar y os deseo que os quedéis muy a gusto en 2010. ¡Chin-chin!

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