EL REGRESO DE BETTY PAGE

CONTORNO. Tras años de modelos ligeritas de grasa, de heroine chic y de delirio anoréxico facilitado por el photoshop, asistimos al regreso de una figura icónica en las antípodas de todo lo anterior: la pin-up. Surgida a principios del siglo XX y oficializada en el pícaro contorno de Betty Boop, la chica del calendario sonrió a generaciones de hombres en los duros años de entreguerras para alcanzar su máximo apogeo con el despertar a la vida de los 50. Decenios después, su estética curvilínea y provocadora nos sorprende de nuevo, integrándose con aparente normalidad en el paisaje mediático.

CINTURITA. Dita Von Teese, ex-mujer de ese otro artefacto estético llamada Marilyn Manson, ha hecho suyo el credo de la cinturita de avispa, el tacón de aguja y el pecho respingón. Protagonista de shows en el mítico Crazy Horse parisino, ha lanzado su propia línea de sujetadores junto a Wonderbra, crea mezclas explosivas con Cointreau o enseña el secreto arte del strip-tease. Teese dejó de ser una dulce norteamericana de suburbio para convertirse en una multinacional del burlesque. Más allá de su estela, la iconografía de la pin-up impregna muchas otras manifestaciones, como la reciente colección de Agent Provocateur, por poner un ejemplo, que convierte a sus modelos en superheroínas de la carne.

TETAS. Si bien España no fue muy prolífica en esta cultura burlesque, sumida como estuvo tanto tiempo en el oscurantismo de una diva mucho más déspota y peligrosa, hay que reconocer que hemos acortado distancias con el amigo americano. Actualmente, disfrutamos de una nutrida generación de pin-ups, cuya reina es sin duda Vinila Von Bismark. Ataviada con sus característicos tatuajes (otro clásico del género), lo mismo pincha, que posa, que hace cameos en series de televisión. Más allá de nuestra estrella local, la búsqueda de “burlesque” en Google, asociada a cualquier ciudad española, nos dará la pista de pin-ups patrias en plena efervescencia. Y de la mano de Vivian Blue, todas podemos lucir corsé. Como se dijo en el “Taboo Barcelona Burlesque nights”, hace ahora algunos meses: señores, queremos ver “tetas y culos”.

SEXO. Si las ventas de pintalabios aumentan en épocas de crisis, no parece extraño que estos tiempos inciertos gusten de evadirse a través de la contemplación de cuerpos voluptuosos. En la carne está la promesa de la felicidad reproductiva. El sexo es la vía de escape más antigua y el disfrute de su simbología a través de estos shows, nos permite gozar de nuestros instintos, salvaguardados porque seguimos la moda. Se dice que el primer decenio del siglo XXI ha sido una vuelta al drama, la década de los “naughties”: sucios, nihilistas, tendentes a cero. En este entorno hostil, los pechos descarados de las pin-ups se convierten en el refugio de nuestro ansia vital. Volvemos al cabaret: willkommen, bienvenue, welcome, fremde, étranger, stranger.

BETTY. Hace un año murió Betty Page, musa absoluta, símbolo de una sexualidad poderosa y femenina. Su descaro a la hora de posar simulando situaciones prohibidas es toda una declaración de principios. Me quedo con su frase: “I was never the girl next door”, “Nunca fui la chica de la puerta de al lado”. La pin-up rechaza la normalidad, la cotidianeidad, ensalza la ficción porque es la promesa de lo que está por venir. Puede que por eso su sonrisa pícara vuelva a iluminar ahora nuestro desconcierto, con más fuerza que nunca.

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