¿QUÉ FUE DEL VELLO PÚBICO?

Igor Kazakov ha ido recopilando en una web todas las playmates que protagonizaron las portadas de Playboy desde mediados de los 50. El despliegue parece un catálogo de figuritas recortables y la sucesión de pechos, culos y caderas, le quita morbo al asunto, como si la repetición anulara su poder de excitación. Varias cosas llaman la atención en esta labor de taxonomista y como bien dice Paul M., podría escribirse un libro.

El decorado, por ejemplo. La serie arranca con localizaciones domésticas, en las que las playmates posan como amas de casa juguetonas: arreglando el armario, subiendo escaleras o desayunando. Las señoras de Hefner destapan la moral conservadora de los 50, para ofrecernos una sexualidad rebosante y luminosa. Los 60 se vuelven naturales y salimos al exterior: parques, terrazas, playas… Y un fetichismo que surge con el bienestar y la democratización de las vacaciones: la marca del bikini, señalando ese falso pudor que tanto gusta a algunos. Los 70 se adentrarán en el Glam más rabioso, a través de decorados oscuros y discotequeros, para dar paso a la sofisticación agresiva de los 80, que con poses más explícitas, llega hasta unos 90 depurados y casi tenebrosos.

Poco a poco, el decorado se va volviendo abstracto, exclusivo, secreto, como la propia sexualidad, que se traslada de la simpática ama de casa a amenazadoras hembras siliconadas. En las últimas fotografías, de hecho, las modelos posan en yates de lujo o coches deportivos, convirtiéndose estos, probablemente, en los auténticos reclamos.

Otra evolución curiosa es la relativa al vello púbico. En 1973, si mis dotes de observación no me fallan, Bonnie Large nos descubre su intimidad abriendo una delicada bata. El reconocimiento del pubis como herramienta de seducción mediática se pone de manifiesto, en todo su esplendor, en un triángulo de las Bermudas salvaje, suavizado por el aire angelical de la modelo. El pubis se va recortando tímidamente a lo largo de la década, como trazando dibujos a juego con el encaje ochenteno.

A mediados de los 90, su apariencia se volverá cada vez más escueta y cuánto más difuminado, más se enseña, como si el centímetro de piel vacía cotizara más. En los 2000, anulado por completo, convierte a las playmates en auténticas réplicas de Barbie. De tan explícita, la sexualidad de Playboy ya no enseña nada, porque ha borrado todo. Volvemos al Renacimiento y a las estatuas clásicas que ponen, en cuerpos esculturales, genitales infantiles. La mujer es aniñada, técnicamente, resultando así inofensiva.

En definitiva, después de años de carnalidad,el bisturí y el photoshop se hacen los reyes del paranaso de Hefner, favoreciendo la verosimilitud (ese realismo plástico de videojuego) por delante de la verdad (vello, sudor y demás inconvenientes de la vida real).

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