UN MAL CINEMATOGRÁFICO

No hay malos como los franceses. El cine reciente nos ha ofrecido una estupenda muestra de villanía gala, experta en dibujar sonrisas irónicas, como regueros de sangre después del mordisco. Desde la sarta de poéticos tacos de Lambert Wilson en “Matrix reloaded” hasta la inquietante sencillez de Mathieu Amalric en “007 Quantum of Solace”, hay algo en el charme francés que los ejecutivos hollywoodienses asocian a la maldad. Por no hablar de Vincent Cassel, habitual en el género, o de la joven promesa caníbal Gaspard Ulliel.

Pero a veces la vida supera al arte y así, la vida política francesa nos está regalando momentos únicos de malignidad, a través del enfrentamiento SarkozyVillepin. El actual presidente de la república acusa al exministro de haberle incluido, presuntamente, en una turbia lista ligada al blanqueo de dinero. El asunto Clearstream da carnaza a los medios y despierta la vena poética que todos llevamos dentro, evocando la lucha entre la luz y las tinieblas, encarnada en estos dos antagonistas de manual. Las intrigas palaciegas frente al combate cuerpo a cuerpo. La elegancia del caballero frente a la brutalidad del soldado. (Hasta aquí –no os preocupéis-, mi arrebato lírico.)

¿Quién es el villano y quién el héroe? Una disyuntiva hamletiana a la que cada cual respondemos desde nuestro balcón y disfrutando de una retórica jugosa por cortesía de ambos pro-hombres. Nunca el gancho del carnicero evocó tantas metáforas en nuestros telediarios.

Villepin_Nicolas_Sarkozy_2005

Pero mientras en Francia los políticos juegan a las amistades peligrosas, llenando de emoción la rutina periodística, en España no nos quedamos cortos. Correa, el Bigotes y otros chicos del montón recrean la trama clásica del dedazo y las prebendas. Con aires de Berlanga y un toque de Don Camilo, el escaparate político valenciano ofrece un retablo de malvados cañís, que ni siquiera lo parecen, según algunos. (Y es que donde se ha visto que recibir regalos de los amigos sea un delito. Que ser agradecidos es de bien paridos. Y a golpe de refrán o de bolsazo Louis Vuitton, te vas a callar la boca, leche).

Si el romance Villepin-Sarkozy despierta la libido informativa de cualquiera, es innegable que nuestra pareja Barberá-Camps es un derroche de arte jondo. El aura ascética del presidente de la Generalitat, con esos gruesos labios como única e inquietante concesión a la carnalidad, se mezcla, explosivamente, con la fanfarria todoterreno de la alcaldesa. Todo en ella, ay, es ímpetu. Hay algo de faena torera en esas fotos que exaltan su alegría y poderío, aunque no se sepa quién torea a quién, probablemente ellos a nosotros.

ritaycamps

¿Llegará el día en que el malvado español llegue a las pantallas internacionales, como ya lo ha hecho el francés? Retomando la metáfora de Lambert Wilson, alias Merovingio, si decir tacos en francés es como dar azotes con un látigo de seda, lo nuestro sería más como zurrar el culo con una vara. ¿Veremos quizás a Barberá como la Annie Wilkes valenciana, amputando nuestra honradez por amor al electorado? Si es así, será porque nos lo hemos ganado, que ya se sabe que cada pueblo tiene los políticos que se merece.

Los villanos, en el fondo, siempre son unos incomprendidos.

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