ÚLTIMAS TENDENCIAS VERANO 2009

LOW COST. Portada de revistas, motivo de una feria, eje de una exposición, el low cost es el nuevo movimiento (sexy) ideológico de nuestros días. En poco tiempo, ha pasado de ser un adjetivo de prensa económica a la filosofía que predica que para ser feliz, hace falta gastar poco. Dos matices. Afirmar “hace falta gastar poco” no es lo mismo que decir “no hace falta gastar mucho” y es que gastar es norma en esta nueva religión. El otro: ser feliz significa replicar un estilo clónico, Zarístico y ultrafashion descrito en un plano de Ikea, que con 2 clavos y 3 tornillos nos explica qué desear. Democratizar el bienestar sólo podía acabar con un ejército de replicantes. ¿Pero quién no desea ser Rachel o Roy?

viñeta low cost

CRISIS. La crisis se ha vuelto un tema de tertulia, recurrente, casi ameno, prácticamente inofensivo. En el fondo, decimos, la crisis ha venido para cambiar nuestros modelos de conducta y enseñarnos un consumo más responsable, alejado del derroche monetario y mental que nos hizo pensar que éramos más altos y más guapos. La crisis me recuerda al enemigo de Gila y esas conversaciones afables, en las que se organizaban la guerra: “¿Es el enemigo? ¿Ustedes podrían parar la guerra un momento?

RETRO. El verano siempre despierta la libido y supongo que debo estar de lo más apetecible cuando docenas de marcas se me rifan desde la parrillita del televisor. Apelan a mi amor consumista por la vía de la nostalgia y como soy blanda, me arrancan una sonrisa. Vicky el Vikingo, recuperado por Minute Maid Anti-Ox, Seat Ibiza cantándome Alaska por bulerías o las versiones de clásicos como “Yo soy aquel” o “Como una ola” por cortesía de Trina y de la Once, rondan mi bolsillo caprichoso. El pasado siempre estuvo ahí y eso es un argumento irrefutable de venta. Lo que perdura es señal de autenticidad, de emociones puras, adolescentes o incluso infantiles. En tiempos de incertidumbre, el retro nos salvará la noche. Mira, si no, dónde nos llevó el futuro.


CATÁSTROFE. Sin embargo, nuestro estrés, financiero o sentimental, no se conforma con la placidez de los recuerdos o el confort de un sofá de menos de 300  €. Tú sabes que esto no puede acabar bien y para dar salida a nuestra adrenalina, qué mejor que disfrutar de una una auténtica catástrofe. Rocío Ayuso glosaba hace poco en El País el recital de hecatombes cinematográficas que nos depara este largo y cálido verano. Y la revista Slate publicaba que el fin del mundo, según 60.000 internautas temerosos, sería un cataclismo nuclear. Si vamos a hacerlo, hagámoslo a lo grande. Rock&roll.

CÓCTEL. Con estos cuatro jinetes del Apocalipsis, podemos preparar un cóctel veraniego, estimulante, delicioso y casi te diría, afrodisíaco. Yo me lo he tomado en la playa estos días y me ha sabido a gloria. Y cuando me da por echar de menos esas épocas de acción y desenfreno, de grandes esperanzas, que antes nos subyugaban, me cojo el Hola y miro lo guapas que están las infantas en Mallorca. A ver a quién no le bajan las ínfulas esas caritas tan lindas. Chin-chin.

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