DEL AMOR AL ODIO

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Me gusta de esta foto que la sonrisa de Fred Astaire brilla con destello de malvado de cómic y que su víctima se aferra a la mano asesina con elegancia y entrega. Su rostro es una máscara blanca nuclear, que perfecciona una expresión de felicidad . Qué bonita metáfora del amor, este juego de prestidigitación que nos hace creer algo que no es. Y es que no es este el abrazo de dos amantes, si no el de dos hermanos, puesto que Adèle Astaire se abandona aquí al abrazo fraternal. La ternura que destila él es ambigua y mutante, porque como dice el refrán, del amor al odio hay un paso. Un paso de baile etéreo, sexy, certero, como el zapateado de claqué con el que la pareja deleita nuestros sentidos. Qué difícil desmenuzar la armonía de ese movimiento. Bendita ignorancia.

La prueba del delito la encontré aquí.

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