EL ROMANCE DE LINDA

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Descubro en la contraportada del País el nuevo anuncio de L’Oréal, que me recuerda automáticamente al cuadro renacentista “Gabrielle d’Estrées y la Duquesa de Villars en el baño”. Una Linda Evangelista, duplicada a ambos lados de la página, se unta de “rellenador colágeno labios”, con la misma gélida precisión con que la dama renacentista tocaba el pezón de su hermana, siglos atrás. Aunque sus cabellos sean diferentes, su rostro y su pose (incluyendo esos dedos quirúrgicos en forma de pinza) son idénticos y nos hablan de un amor mellizo que hace todavía más inexpugnable a la pareja. Si algunos libros hablan del simbolismo de la maternidad en ese pecho subrayado y proveedor, de la misma manera, Linda y Linda enarbolan su fertilidad, congelando la vejez con un gesto certero.

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En el cuadro atribuido a Jean Cousin, una mujer tejiendo ocupa el segundo plano y elabora con esmero y cariño alguna prenda protectora. Este primor doméstico, profundamente femenino, se sustituye en el anuncio de L’Oréal por el icono infalible de la madre ciencia. A través de palabras como “colágeno” o “ácido hialurónico”, la marca francesa nos convence del poder de su producto. Debemos creer porque sólo es posible creer en aquello que no entendemos del todo. Hacernos conscientes de esos modos misteriosos, que mueven a la naturaleza, es la mejor manera de captar nuestra ansiedad consumista, que se ve así saciada por argumentos racionales, redentores. 

Por último, me fijo también en la camisa blanca de Linda Evangelista. La camisa, patrimonio masculino tradicional, se integra en el fondo de armario de cualquier mujer de nuestros días y refleja la autonomía, la independencia, el criterio de saber lo que quiero y que lo quiero aquí y ahora. La camisa blanca de Linda Evangelista es la desnudez de Gabrielle d’Estrées y la duquesa de Villars. Hay un desplante, una inversión de roles subyacente en ambas imágenes, que las empareja, a través de esa simbología de la mujer autosuficiente. Linda, como Gabrielle y la duquesa, se sobra y se basta para (re)construirse. L’Oréal nos vende el romance de la mujer consigo misma, emblema de la cosmética moderna.

¿Habrá un homenaje oculto a la escuela de Fontainebleau en este anuncio de L’Oréal? Si como una vez oí, de la boca de un joven ejecutivo de la firma francesa, en una presentación para corderillos universitarios cuando las empresas todavía contrataban gente, “los trabajadores de L’Oréal somos tan empresarios como poetas” (¡glups!), es probable que exista este homenaje implícito. No en vano, el cuadro “Gabrielle d’Estrées y la duquesa de Villars en el baño” pertenece al renacimiento francés, un renacimiento más frío y cerebral que el italiano, erudito y distante, muy próximo al ideal de rejuvenecimiento místico que el “Rellenador Colágeno Labios” (así, sin preposiciones, depuradísimo, esencial) promete.

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