LA RUBIA QUE HAY EN MI INTERIOR

BUUUU. La última película de Alex de la Iglesia es una pesadilla gore en la cual una  muchacha rubia (¿quién si no?) es perseguida por sus peor enemigo a lo largo de una noche interminable y terrorífica. El enemigo es ella y cuando se refleja en los espejos, los rompe como una malvada de cuento. Desde las marquesinas de los autobuses, prosigue su huída con la cara desencajada por el horror. “Bad night” reza el título de esta suculenta fábula sobre el reverso tenebroso de nosotros mismos.

badnight

AAAAH. Esta sinopsis, sin duda sexy aunque clásica, es el leiv-motiv de la nueva campaña de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción. Después de haberme cruzado en infinidad de mupis con ella, descubro para mi sorpresa en Brandlife que no se trata de una nueva obra del Gore, si no de una campaña para desmotivar a los jóvenes frente al consumo de estupefacientes. (Me encanta usar estas palabras técnicas: demasiado CSI, supongo.) A través de sus carteles, dentro de los códigos clásicos del género –posturas antinaturales, negritud, cierta aureola sadomasoquista- y del eficaz trailer de De la Iglesia, los adolescentes deberán responder NO atemorizados.

GLUPS. Creo que no pertenezco a ese credo según el cual la publicidad debe apelar a nuestra inteligencia. Descodificar la metáfora de la adicción para después actuar en consecuencia es pedir demasiado a nuestra racionalidad. Y más si se le pide a los jóvenes (glups: si ya no me incluyo, ¿será que no lo soy?). Creo firmemente en que la publicidad debe atacar a nuestros instintos más bajos, más primitivos, que son los que hacen que compremos coches, perfumes o tostadoras, con el deseo último y universal de practicar sexo. Llamadme clásica. Sospecho por definición de esas campañas que parecen nacidas para ser carne de newsletter de marketing.

dexter

MMMMM. De esta campaña me quedo con dos cosas: su página web y la evocadora unión de la rubia y el terror. ¿Por qué disfrutamos con el pánico de una muchacha inocente? ¿Por qué el sacrificio de la doncella estimula nuestra adrenalina con una emoción que quizás esté más próxima del placer del asesino que del terror de la víctima? La sublimación es de lo mejorcito que ha parido Freud y no hay cómo canalizar la energía sádica a través de un telefilme. Higiénico y eficaz como nuestro querido Dexter.

¡CORRE! Independientemente del éxito del anuncio, cuando la FAD nos habla del peligro de las drogas, se dirige a la rubia indefensa que todos llevamos dentro. Esa a la que nuestro lado oscuro persigue de formas muy diversas. Esperemos que sea más rápida que nosotros.

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