AMAR A BERLUSCONI

GUAPA. Veronica Lario, tras 29 años de matrimonio, pide el divorcio a Silvio Berlusconi. Veronica es una mujer guapa –perdonen que empiece por aquí, pero el manual de estilo SB manda-, con ese toque justo de botox que caracteriza a los enemigos de la evolución.(¿Para qué tanto evolucionar? se preguntan: sólo se evoluciona hacia la muerte.) Buceando en la red, encontramos un pasado curvilíneo y turgente que se intuye tras su apariencia formal de primera dama.

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SEÑORA
. Agotada tras la última excentricidad de su marido, quien para revitalizar a su partido ha decidido seleccionar entre misses y exconcursantes de Gran Hermano a sus jóvenes promesas políticas, Lario dice basta y declara sin cortapisas contra su “machismo” y sus ínfulas de “emperador”. Frente a esto, Berlusconi responde que le disgusta que “la señora haya caído en las maniobras de la oposición”. Qué delicioso regusto sainetero, qué “señora” más polvoriento y al mismo tiempo rotundo. Sin duda, este hombre tiene talento para los titulares.

MACIZA. Criticar a Berlusconi es fácil y algo –intuyo- neurológicamente inevitable. Sin embargo, representa una figura fascinante en el entramado de corrección política actual. ¿Por qué existe en Italia un programa de televisión cuyo objetivo es que señoras macizas y desnudas hagan las tareas domésticas a afortunados concursantes? Cuando el presidente de tu país hace de su cirugía estética un triunfo de la personalidad, todo está permitido.


SEXY. Criticar a Italia no es fácil y desde luego, no lo recomendamos. Supongo que cuando vives en la cuna de la civilización occidental, tu presión como estadista por contribuir al progreso de la humanidad baja. ¿Qué tiene que hacer ya Berlusconi? ¿Acaso no será un sofisticadísimo émulo de Calígula, que regurgitando su propio pasado patriótico, está dispuesta a sembrar la anarquía, a golpe de tetamen y billetera? Yo creo que Silvio tiene un plan oculto y que en el fondo ansía liberarnos del sistema tal y como lo conocemos. En un mundo donde sólo prime la belleza y el sexo, no habrá más jerarquía que la del gusto, ni más obligación que la de nuestros apetitos. ¿Acaso no es esto esperanzador, sexy? Ante los grandes números de la economía, el comercio, la crisis, queremos a alguien que nos hable en nuestro propio idioma, alguien con quien jugaríamos al mus. Aunque nos gane. (Al final, siempre es lo mismo: alguien con quien beberte la cerveza, dijeron del amigo americano. En nuestro caso qué fue: ¿tomarse un carajillo con Ansar? Glups.)

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ENAMORADA. Hay algo magnético, shakespeariano, en los ojos tibios de Veronica Lario. La starlette convertida hoy en primera dama celosa de otra starlette, encarna sin duda el mito del eterno retorno. Interesante y novelesca historia la suya. No porque se divorcie de Berlusconi, si no porque pudiera amarle tanto tiempo.

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