POSTERIDAD POP

FUTURISTA. Más fuertes que el acero, más duros que el diamante. Así serán los músculos robóticos en el futuro y es que gracias a la nanotecnología, estamos más cerca de ver cómo la máquina supera al hombre. Científicos de la universidad de Texas están creando unos músculos que “serán capaces de expandirse y contraerse hasta en un 220% en cuestión de milisegundos”. El milagro de la tecnología nos acerca cada vez más al mito del moderno Prometeo, en el que nos reconstruiremos para parecernos a lo que siempre quisimos ser.

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CEREMONIAL. Hablando de imitación a la vida, no sabemos si Letizia quiso parecerse a la que hoy es su versión en cera, ya retocada con las convenientes sumas y restas de rasgos faciales. Los medios destacan lo poco que se parece la réplica a su original. Me pregunto si la princesa debería haberse preocupado en caso de éxito. Como los indios en las películas de los años 50, si nos hacen una foto, nos roban el alma. Si la figura de cera es fallida es porque la complejidad de Letizia –esa mujer, ay, a una nariz pegada– escapa a las normas de la representación.

POP. Vagando por la red, me encuentro otra forma de clonación curiosa: los “Tiny artists” de Jailbreak Toys. Especializados en réplicas de artistas y políticos, nos ofrecen por un módico precio este simpático bodegón, que reúne a un ramillete de genios de la pintura del siglo XX: Warhol, Picasso, Kahlo, Dalí y Van Gogh. No os perdáis el tupé del loco del pelo rojo o el bigote de la pintora mexicana, extremado como una firma inmortal. (Licencias poéticas, supongo, del merchandising.) Como un Saturno de la fama devorando a sus hijos, el sueño de la razón produce monstruos pop -con perdón-. Tanto esfuerzo, tragedia e inspiración, para acabar reducido a un souvenir. Aunque supongo que, a fin de cuentas, la posteridad era eso.

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COPIA. Entre un robot cibernético, un muñeco de cera o un gadget, la elección no es fácil. ¿Cómo prefieres ser inmortalizado? La perfección futurista, la eternidad camp o el pop más rabioso. El arte se nos queda pequeño y es que la idealización pasó de moda. Ahora sólo queremos tragarnos en un bocado de inmediatez nuestra imagen fotocopiada.

POSTERIDAD. ¿Qué fue de los pintores de cámara, destinados a retratar a los famosos de todos los siglos? Para mi tranquilidad, revisito el cuadro que Hugo Burnand pintó de Carlos de Inglaterra hace unos meses. En él, un monarca de mediana edad, relajado, seguro de sí mismo, nos observa desde su trono. Esta estampa nos recuerda a tiempos pasados, de respeto y unicidad, cuando el rey era “el rey” (y no estoy hablando de Elvis). Todo lo contrario a la actual promiscuidad gráfica a la que se enfrentan las figuras públicas: no hay más que ver a Obama omnipresente, tan pronto en los estantes de una juguetería como en un episodio de South Park. El advenimiento de la era pop ha tenido lugar. Warhol estaría contento.

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