ATREVIDA APUESTA

HOMENAJE. El sábado pasado murió Corín Tellado. La dama de la novela romántica escribió 4.000 novelas, vendió 400 millones de ejemplares y según cuenta leyenda, es la segunda escritora más leída en lengua española, después de Cervantes. Boris Izaguirre se despide de la autora en El País en un elegante artículo, donde destaca lo difícil que le resultó a Tellado disfrutar del respeto del mundo editorial. Considerado un género de segunda, el “folletín” no acapara las páginas de los suplementos literarios. Y es que ya se sabe que hay una ley atávica según la cual el éxito de crítica es inversamente proporcional al éxito de masas.

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REVELACIÓN. Izaguirre recupera una auténtica perla de la escritora, surgida en una entrevista que le hizo hace varios años: “No es que lo cursi sea malo, es que la gente le tiene miedo”.

EDUCACIÓN. En esa frase reveladora, a medio camino entre el oráculo y el slogan, Corín Tellado desnuda nuestro pudor sentimental. Según la Real Academia Española, cursi es quien pretende ser fino y elegante, sin serlo. ¿Cómo ser fino y elegante en medio de un amor desbocado, de una desesperación absoluta, de una tristeza radical? Los sentimientos extremos no combinan con el llamado buen gusto. Nuestra cultura apolínea prohíbe las reacciones exageradas. No en vano, en las sonrisas medidas de las figuras públicas, en la rotación exacta de muñeca de los monarcas, se esconden siglos de obediencia a la regla que impide sentir en público.

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CÁPSULA. Como una máquina expendedora de placer, la novela rosa en todas sus vertientes, televisivas o literarias, nos proporciona sentimientos que nos llevaría años atesorar. Sentir cómo Brad nos desgarra la blusa buscando nuestro pecho tembloroso, cómo la pérfida Ivonne se apodera de ese secreto guardado bajo llave o descubrir años después que nuestro padre en realidad nunca lo fue… ¿Cómo no tragar ansiosos semejantes cápsulas de vida? Por no hablar de los nombres de las autoras, ya de por sí pura evocación: Julia Howard, Robin Schone, Julie Garwood… Aunque la denominada “chick lit” intente coger el relevo de este legado rosa con sus crónicas de jóvenes profesionales en busca del amor, sus eufemismos de modernidad no me convencen. Antes que la falsa independencia de una Bridget Jones, me quedo con el corazón de una Bridgerton.

ETERNIDAD. Pero volvamos a Corín Tellado. En 1946, publica su primera novela, que titula “Atrevida apuesta”. Haciendo ya toda una declaración de intenciones, la escritora se dispone a inundar de amor, locura y pasión la rutina de una España todavía demasiado oscura. 54 años después, fotografiada en su casa de Gijón, observa el infinito desde la ventana. Los sentimientos ocultos, reprimidos, hirvientes de los viandantes le llegan como un rumor lejano, que no dejará de manar incluso al borde la muerte. Confieso que no he leído a Corín Tellado (lo confieso con vergüenza, no con orgullo de clase como Vargas Llosa) pero no tardaré en hacerlo, aunque “sólo” sea por cultura. No hay duda de que elegir el camino de la materia prima más cruda, pastosa y poco refinada, es sin duda una atrevida apuesta. Mi más profundo respeto por los valientes.

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